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"La relación entre transporte y salud en lo urbano es indispensable; impacta la calidad de vida", profesor Luis Ángel Guzmán

Texto, Publicado el Lunes, 08 Febrero 2021, en Noticias, Destacados

El transporte público colectivo y el transporte activo son esenciales para construir ciudades más saludables y equitativas; en tiempos de pandemia tienen el reto de aplicar todos los protocolos de bioseguridad para disminuir el riesgo de contagio, y mejorar la salud de la población y el medio ambiente, según el grupo de investigación en salud urbana en América Latina Salurbal.

Pasajeros esperan bus en estación de Transmilenio / foto referencial de Transmilenio

 

El Instituto de Estudios Urbanos de la Universidad Nacional de Colombia habló con Luis Ángel Guzmán, doctor en Sistemas de Ingeniería Civil, Planificación Urbana y de Transporte y profesor del Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental de la Universidad de los Andes, para hablar de la relación entre transporte y salud en los centros urbanos, y su importancia en tiempos de pandemia.  

¿Cómo se relaciona la movilidad y la salud en el contexto urbano? 

La movilidad y la salud están estrechamente relacionadas en el entorno urbano. Por esto en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de los Andes estamos trabajando desde hace unos años con la Facultad de Medicina. Lo más conocido del impacto del transporte en la salud son los efectos negativos en la calidad del aire. Cuando el aire está contaminado tenemos enfermedades respiratorias que con el paso de los años van causando muertes prematuras particularmente en la población más vulnerable como los niños y las personas mayores. Sobre la calidad del aire se deben hacer dos distinciones, una es la calidad del aire persé que es la que se mide con las estaciones fijas en la ciudad y otra, la más importante, la exposición de las personas a esa mala calidad del aire. Estudios en Bogotá encontraron que dentro de los vehículos de transporte público hay elementos  muy nocivos para las personas como el material particulado 2.5, esto se debe a que son ambientes cerrados con alta concentración de contaminantes y a que la gente pasa mucho tiempo en ellos. Esto tiene un efecto mayor, negativamente hablando, en la salud de las personas. La ciudad ha dado un paso correcto en esta dirección al renovar la flota de buses con nuevas y mejores tecnologías. 

Otro tema del que no se habla tanto, y que falta investigar en el país, es el impacto en la salud del ruido generado por el transporte. Sabemos por investigaciones internacionales que el ruido tiene un efecto en la salud, causa mayores episodios de estrés y tiene efectos a largo plazo.

Además, otro efecto del transporte en la salud es el tema de la actividad física, importante para mantener mínimos niveles de salud recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS). La actividad física puede hacerse en el transporte diario haciendo los viajes cortos a pie o en bicicleta, lo cual está muy relacionado con la calidad de infraestructura disponible. También está la caminata desde el origen de viaje a la estación o paradero del bus. 

En resumen, la relación entre transporte y salud en el entorno urbano es indispensable, necesitamos conocer los efectos a corto, mediano y largo plazo en la calidad de vida de la población. 

Estamos en medio de una crisis de salud pública, ¿Cómo promover movilidad segura y saludable en nuestras ciudades? 

La crisis del coronavirus tomó al mundo desprevenido. Los cierres parciales y totales, el teletrabajo y el estudio en casa han tenido un impacto importante en el transporte, especialmente por la reducción de viajes que se hacen en las ciudades. Con esta crisis sanitaria aprendimos que no se debe satanizar el transporte público porque podemos perder el poco espacio ganado en las ciudades respecto al transporte particular. Esos mensajes de los medios de comunicación y algunos políticos que hablan de inseguridad en el transporte y aglomeraciones, aunque pueden tener razón, causan pánico y provoca que las personas migren a modos de transporte individuales motorizados como la motocicleta o el automóvil. 

Existen varios estudios que han demostrado que el transporte público no presenta un riesgo excesivo de contagio si se siguen ciertos protocolos como una buena ventilación dentro de los vehículos, el buen uso del tapabocas y restringirse de hablar durante el viaje. Las investigaciones demuestran que el riesgo de contagio a través de superficies es mínimo, por eso no se debe satanizar; lo mejor es promover la movilidad no motorizada, vemos que se han habilitado bici carriles y esto va  mejorando la infraestructura para este tipo de usuarios. 

Algunas de las recomendaciones que se le ha hecho al transporte público masivo es limitar el número de pasajeros. Estuvimos en el 35% y luego en el 50%, ¿Cómo cumplir con esta medida en un sistema que tiene como esencia ser justamente masivo? 

Entiendo el espíritu de la medida, evitar aglomeraciones en el transporte público, pero infortunadamente quienes más necesitan este medio son las personas de menores recursos que no tienen otra alternativa viable para poder movilizarse. Con estas restricciones le ponemos mayores trabas a las personas que por sus condiciones socioeconómicas necesitan salir a la calle a buscar sus sustento diario. 

Esto va en contravía de lo que es el transporte masivo, la coyuntura no le dejó más opción a los políticos, sin embargo desconozco si se evaluó la eficacia de esa medida en los contagios. La clave va a ser cumplir con las medidas de bioseguridad. 

Estas restricciones han tenido un impacto importante en las finanzas de las ciudades porque deben seguir pagando a los operadores de transporte público lo que está en los contratos y no están recibiendo una parte muy importante de los ingresos proveniente de las personas que dejaron de usarlo. 

Cerca de cumplir el primer año desde la llegada de la pandemia ya podemos considerar algunos aprendizajes para el transporte público y nuevos desafíos para este año. ¿Cuáles podría mencionar? 

Hay varios aprendizajes. El primero es pensar en fuentes alternativas para financiar la operación de los sistemas de transporte público, ya que estos definitivamente no pueden depender del ingreso tarifario de los usuarios. Segundo, que cumpliendo con las medidas de bioseguridad se reduce el riesgo de contagio en el transporte público, esto es importante para no disminuir la capacidad del sistema porque, insisto, quienes más sufren son las personas pobres y vulnerables. Tercero, la habilitación de infraestructura para la bicicleta o caminar; ha quedado demostrada la disposición de las personas a usar modos alternativos de transporte. 

Queda pendiente el mejoramiento de los espacios particularmente para los peatones, como los andenes y el espacio público abierto porque esto también es clave para incentivar a la ciudadanía a que camine. Y un reto transversal es el mejoramiento de la seguridad para que las personas no se sientan intimidadas en el transporte público, caminando o en la bicicleta. 

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    Entrevista realizada por Paola Medellín Aranguren 

    Las opiniones contenidas en este artículo no expresan la posición institucional del Instituto de Estudios Urbanos de la Universidad Nacional de Colombia.