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"La pandemia es una oportunidad para impulsar el concepto barrial y la planeación de la ciudad a escala micro", investigadores Raúl Marino y Elkin Vargas

Texto, Publicado el Lunes, 07 Diciembre 2020, en Destacados, Noticias

Las restricciones y el confinamiento por la pandemia provocaron transformaciones importantes en la vivienda y el uso del espacio público. En el Instituto de Estudios Urbanos hablamos con los codirectores de la investigación "Habitar bajo condiciones de cuarentena: Impactos del Covid19 en la vivienda y el espacio público" para conocer la percepción de la población sobre la crisis de salud pública por la Covid 19. 

Barrio San Andrés, sur de Bogotá / Foto IEU

 

Esta investigación realizada por los arquitectos Elkin Vargas y Raúl Marino y patrocinada por BuroDAP y Urban Mapping Agency surgió de la necesidad de entender el fenómeno “considerando que las personas directamente afectadas por las restricciones no estaban siendo consultadas”, según señalaron en la entrevista. “Hemos visto muy poca inclusión de la comunidad en la toma de decisiones estratégicas en medio de la pandemia”, agregaron. 

La encuesta obtuvo respuesta de 1586 personas de 122 ciudades en 35 países del mundo, y fue realizada en idiomas español e inglés del 25 de abril al 31 de Julio de 2020.  

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De acuerdo con esta investigación, ¿qué comportamientos y percepciones sobre la vivienda cambiaron, tras el confinamiento?

Raúl Marino: Encontramos que la gran mayoría de las viviendas no tienen espacios de flexibilidad y esto llevó a que el comportamiento y la actitud cotidiana cambiaran. El 45 % de la población manifestó que ha tenido algún tipo de problema o conflicto por el confinamiento en relación con el uso compartido de los espacios, el ruido, la distracción dentro del hogar, el orden y el aseo, y la privacidad. El 34 % de los encuestados dijo que no había podido resolver el conflicto. 

La principal reacción de las personas fue reacomodar sus viviendas, adaptar un espacio para el trabajo y para la educación, y establecer zonas de actividad física y de desinfección. Desde las políticas y las empresas mismas no se ha facilitado y acompañado esta transición y por el contrario se ha responsabilizado a las familias para atender la situación. Es importante que desde los empleadores y la política pública se tomen acciones teniendo en cuenta que esta condición de pandemia va a seguir por un tiempo. También es importante resaltar la importancia de modelos de edificaciones mixtas, con tipologías de vivienda-oficina u ofertas de acceso a oficinas y/o salones de estudio temporales en el mismo conjunto, que facilite el teletrabajo y la educación online y motive la reducción del desplazamiento entre la ciudad.  

El periodo de confinamiento dejó en evidencia los problemas de la vivienda en cuanto a tamaño, calidad y confort. ¿Cuáles consideran son los principales retos que tiene la política de vivienda y el mercado inmobiliario en Colombia? 

Elkin Vargas: La política de vivienda debe replantearse. La evidencia que se recaudó en la investigación realizada arroja pistas muy contundentes al respecto y sobre cuestionamientos que tienen que ver con las áreas mínimas de una vivienda: el concepto de vivienda de interés prioritaria está en contravía de estos básicos vitales que la pandemia nos ha puesto en evidencia como el confort, espacialidad, ventilación e iluminación natural de las viviendas, e incluso la importancia de la relación interior-exterior por medio de las fachadas, balcones y terrazas. Es todo un campo para reflexionar y llevar al campo de la normativa arquitectónica y urbana sobre estándares y/o códigos para la construcción de vivienda.

También es importante  que la vivienda se vea desde un ámbito integral, no solamente como solución a las necesidades de un techo, sino como concepto de progresividad y adaptabilidad de las viviendas para el desarrollo de distintas actividades, en especial aquellas que permitan el sustento económico y la posibilidad de desarrollar emprendimientos. Esta multidimensionalidad debe incorporarse a la política de vivienda para que podamos avanzar hacia una ciudad que se adapta y es resiliente frente a desafíos de salud pública como la pandemia. 

La oferta de vivienda, especialmente la de tipo social, debe considerar no solo aspectos de oferta y demanda, sino de calidad y confort. Existe una clara relación entre la violencia intrafamiliar y la vivienda precaria, y en tiempos de confinamiento estos índices fueron más evidentes. 

Esto nos lleva a pensar en políticas del suelo articuladas con la política de vivienda. Diseño de instrumentos de generación de suelo urbanizable en centralidades ya consolidadas y bancos de suelo sobre “stocks inmobiliarios” con cierto deterioro pero susceptibles de redesarrollarse. Esto se puede lograr por medio de un reciclaje de edificaciones al gozar de una localización privilegiada por su cercanía a centralidades, sin que esto implique renovaciones urbanas tipo “tabula rasa”.

Sin embargo,  aún queda todo un camino por recorrer en el campo de la renovación urbana, especialmente para generar cuotas de suelo a redesarrollar con destino a un mercado de vivienda social asequible, que rompa esa tendencia de la vivienda social en la periferia.

Consideramos que las políticas de suelo no pueden estar subordinadas exclusivamente a un tema de libre mercado. Es importante la acción del Estado para garantizar el control sobre la especulación y mantener un balance en los valores del suelo. Encontramos una oportunidad para que desde una política de vivienda se pueda resaltar el rol del sector público como otro promotor inmobiliario garantizando el mencionado control especulativo.

En ese sentido, un instrumento de gestión inmobiliaria también lo podemos encontrar en las asociaciones público privadas enfocadas al sector  inmobiliario, mismas que garanticen un  control de los valores del suelo, la diversidad de vivienda al interior de la ciudad y la no generación de espirales de segregación. 

¿Creen que la pandemia tendrá un efecto sobre la oferta de vivienda y su localización en el largo plazo? Si es así, ¿qué cambios se pueden prever?

Raúl Marino: Estamos notando un cambio en las dinámicas del mercado inmobiliario. En Colombia la mitad de los inmuebles comerciales están vacíos lo que representa impactos no solamente en el comercio sino en la vivienda. Empezamos a ver preferencias de viviendas con patios, jardines y balcones, lo que generaría un cambio alrededor de las tipologías de vivienda. También empieza a ser latente una migración ciudad campo, el 55 % de los encuestados afirmaron que preferirían que su próxima vivienda estuviera localizada fuera de la ciudad. Este fenómeno de migración reversa (ciudad-campo) se ha venido presentado en muchas ciudades del mundo, alterando las dinámicas propias de las zonas rurales y creando posible nueva gentrificación de los pueblos rurales y centros poblados cercanos a las ciudades. 

Muchos reportes han dicho que las ciudades densas pueden ser más propensas al virus, sin embargo, se ha observado que la densidad no es el principal factor de contagio. Aún así, el 75 % de los encuestados dijo que la densidad puede ser importante en la transmisión del virus. Esta percepción puede estar también mediada por la continua información mediática donde se alienta a no salir al espacio público y genera una percepción negativa del afuera, incrementando los riesgos de salud asociados al sedentarismo (diabetes, presión alta, problemas cardiacos), los cuales son, casualmente, las mismas comorbilidades asociadas a la Covid19.  

Hemos tratado que las ciudades sean más compactas por temas de funcionamiento, calidad de vida y beneficios ambientales, pero si el virus nos lleva a que las ciudades se vuelvan dispersas, que sigan creciendo desordenadamente, se generarán problemas peores que la pandemia; estos cambios llevan a la búsqueda de modelos que permitan favorecer el manejo de la densidad sin que haya aglomeración, pero mezclando los usos y actividades, promoviendo la caminabilidad, y las ciudades de 15 minutos que vuelven a tomar protagonismo. 

La pandemia nos restringió el uso del espacio público, importante para el goce de la ciudad, ¿cómo reaccionó la población?

Elkin Vargas: En términos generales la población se dio cuenta del significado y valor del espacio público, de la importancia de tener entornos saludables en los ámbitos comunales, del sentido de comunidad y lo crucial de tener un barrio con provisión de bienes y servicios completos, donde no haya necesidad de desplazarse largas distancias para conseguir lo mínimo vital. Los primeros meses de confinamiento, periodo en el cual hicimos la encuesta, muestra una mayor valoración del concepto de proximidad urbana por parte de las personas. 

Las soluciones basadas en placemaking o construcción comunal del hábitat, están más en boga hoy día y seguramente van a seguir aumentando. Queremos pensar que esta pandemia dejará consigo una impronta sobre el sentido y valor de comunidad y barrio. Una vez más queda demostrado que la acción política sobre el territorio debe trasladarse hacia la participación. Por esto es importante hacer énfasis en el espacio público desde una dimensión integral que también contemple lo político, cultural, comunal y económico. La revalorización del espacio público por la vía participativa y del activismo ciudadano permitiría incidir sobre los gobiernos locales para que las agendas urbanas con enfoques de sostenibilidad tengan una implementación mucho más rápida y que las ideas sobre “walkability” o caminabilidad y accesibilidad e inclusión se conviertan en acciones prioritarias empezando por la recuperación prioritaria de andenes y senderos peatonales.

En la encuesta también evaluaron las ventajas y desventajas que tuvieron los cambios de uso en el espacio público. ¿Qué encontraron? 

Raúl Marino: Encontramos que estos cambios y restricciones han tenido efectos colaterales que han contribuido a la mejora de la naturaleza y la salud humana. El 57 % de los encuestados dijo que la reducción de la contaminación del aire era el principal efecto positivo que habían observado; adicionalmente, la recuperación de la fauna y flora urbana, la reducción del ruido y la recuperación de espacios públicos previamente ocupados por el comercio informal. 

La principal desventaja fue el peligro de contagio en el espacio público, seguido de la falta de interacción social. Esto nos parece un tema fundamental, dado que dentro de las estrategias no se tuvieron en cuenta espacios de interacción social personal, lo cual tiene efectos psicológicos importantes en la vida comunitaria, especialmente en la población vulnerable como los adultos mayores y los niños. Nos parece que alrededor de las políticas públicas se debe hacer una regularización del acceso a los espacios públicos y no un cierre total. Es importante que las administraciones locales y nacionales tomen esto en cuenta, para hacer estrategias de control, y no de prohibición, de acceso al espacio público.   

La aglomeración y la proximidad son propias de las grandes ciudades, ¿cómo abordar este tema en medio de una pandemia que justamente exige el distanciamiento social para prevenir el contagio?

Elkin Vargas: La idea sobre la densidad urbana como factor que incide en la propagación del virus es un debate aún en desarrollo. Adicionalmente, en los últimos meses ha tomado fuerza el concepto de ‘ciudad de 15 minutos’ que si bien no es nuevo ha empezado a ser protagónico. Sin embargo, este paradigma no puede verse como algo replicable en la mayoría de las ciudades. Consideramos que difícilmente se puede implementar en Bogotá u otras ciudades similares en tamaño y procesos tardíos de desarrollo de sus infraestructuras. La ausencia más importante que tiene la capital está en un sistema integrado de movilidad, esto hace que sea difícil conectar las distintas centralidades de una ciudad, a diferencia de París o Londres, donde una vez se ingresa al metro o al sistema de transporte masivo nos vemos conectados con toda la ciudad. Bajo estos dos escenarios, el de una ciudad sin una infraestructura de movilidad integrada y otra que ya lo tiene resuelto, implementar una ‘ciudad de 15 minutos’ es mucho más viable en esta última. En este sentido, sería importante hablar diferencialmente de una ‘ciudad de 15 minutos’ que aplique a ciudades de países del sur global. 

Consideramos que mientras haya asimetrías al interior de la ciudad va a ser muy difícil que este concepto tenga efectos positivos, sin embargo, hay unas ventajas que podemos tomar del concepto de proximidad de la ‘ciudad de 15 minutos’ y es la posibilidad de garantizar unos entornos vitales con infraestructuras mínimas al interior de los barrios; es la oportunidad para mirar nuevamente el concepto comunal y barrial, y garantizar que el planeamiento urbano comience desde ese microentorno de la escala de ciudad. Sobre esto habrá que discutir un poco más y mirar cómo las ciudades pueden ser resilientes apostándole a la planeación de escala micro. 

De acuerdo con la encuesta es evidente una tendencia, sobre todo de los sectores con ingresos económicos más acomodados por vivir a las afueras de la ciudad. Sin embargo, el grueso de la población en las metrópolis difícilmente tiene las capacidades para comprar una casa en periferias tipo suburbio, pues esto además implica tener una mayor libertad o independencia económica y en muchos casos poseer vehículo privado. Seguramente tome fuerza el modelo policéntrico o multimodal, pero insistimos que se requiere una infraestructura de conectividad para que este paradigma aproveche los valores propios de una metrópolis, sintetizados en el concepto de diversidad. Hay un riesgo sobre la manera en que el urbanismo de proximidad pueda marginar y dificultar la relación con los otros sectores de la ciudad menoscabando el intercambio social, la diversidad y las oportunidades, valores clave de las metrópolis 

No hay una evidencia expresa que determine que la densidad sea la principal causante de mayores contagios, esto lo podemos ver en casos como los de Singapur, Tokio o Seúl, que han logrado tener una mejor gestión del manejo de la pandemia. No siempre la densidad debe ser vista como uno de los factores que facilita la propagación de un virus. Hay que poner un acento especial en la relación distanciamiento y densidad versus sostenibilidad. Lo que está demostrado técnica y científicamente es que una ciudad compacta es más compatible con la sostenibilidad que una dispersa; la huella ecológica es menor en tanto menos infraestructura se construya de manera horizontal y menos combustible fósil y derivados.

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    Entrevista realizada por Paola Medellín

    Las opiniones contenidas en este artículo no expresan la posición institucional del Instituto de Estudios Urbanos de la Universidad Nacional de Colombia.