La metodología del taller se denominó “Fábrica interdisciplinar para la innovación”, un nombre que fue honrado por el contenido del taller, pues aunque las jornadas tuvieron en las tardes discusiones administrativas -necesarias para un emprendimiento académico de esta magnitud-, las conferencias y discusiones realizadas en las mañanas nos llenaron de entusiasmo por su calidad y diversidad pasando de abordajes de las ingenierías a algunos de las artes, la biología y la sociología con tal naturalidad que era imposible no comprender la conexión entre todo ello.
Pese al avance que representan el taller, el campus, la alianza, la evidente búsqueda por poner en acción las reflexiones de una gestión de la crisis civilizatoria -como ha definido este momento las Naciones unidas- en perspectiva supranacional, supra disciplinar, supra temporalidades, supra antropo, el cambio climático centrismo del enfoque para definir el problema y por ende su abordaje, tuvo una enorme presencia. Y la tuvo pese a que no todos los países de la alianza pertenecen al denominado Norte global europeo, países para los cuales el cambio climático es preocupación, pero sobre todo interés, contrario a los países del Sur global para los cuales aunque el cambio climático también es una preocupación lo es por diferentes razones.
Los países del Sur no son responsables de las causas del cambio climático, y más bien lo padecen en sus diferentes efectos, por lo cual deben ser apoyados y compensados por los del Norte, los industrializados, como se estableció en la COP 2022 de Egipto. Pero, sobre todo, no tienen grandes intereses -o más bien posibilidades- para verlo como oportunidad, porque aunque puedan tener las fuentes -sol, vientos, agua, suelo- y hasta algunos de los minerales requeridos para la transición -minerales críticos-, no tienen los niveles de investigación e industrialización para siquiera seguir a los del Norte en aprovechar las medidas de mitigación como la innovación que sustituya en sus economías lo que pierden con la descarbonización. O, de hecho, como sucede actualmente, ni siquiera sustituir sino adicionar nuevas líneas a los negocios a las empresas de siempre bajo el concepto de sellos limpios: automóviles eléctricos, producción de paneles solares, medidores, turbinas, y un largo etcétera; sin mencionar la asesoría técnica de siempre.
Pero, ¿por qué definir este enfoque como cambio climático céntrico? ¿por qué ello es negativo?. Además de lo señalado en el párrafo anterior, el hecho de reducir una crisis compleja y multidimensional como la actual a una única de sus facetas no solamente favorece a los de siempre, sino que ayuda a aumentar las brechas y las injusticias ya existentes. La transición limitada a la descarbonización para la preservación de la vida invisibiliza las necesarias luchas contra las inequidades, las xenofobias, las desigualdades, los conflictos armados, las injusticias de todo tipo -ambientales, sociales, políticas, económicas, sexuales, religiosas, culturales-. Y si bien esta es la lista de siempre, lo nuevo es que hoy todo ello converge con cambios demográficos y tecnológicos-informacionales, un nudo del cual tenemos una capacidad reflexiva que ayuda a poner en entredicho el estado de cosas actual, poniéndonos en un escenario de elección. Y si, quizás lo de elección sea de nuevo una falacia, quizás sea más superficial de lo que quisiéramos y necesitamos, pero si conocemos mejor la transición y diseñamos las nuestras, este momento se puede convertir en una pequeña ventana abierta.
La transición , en términos generales, es el paso de un estado de cosas no deseadas a una que sí lo es. Para el caso, propongo pensar en la imagen de una escalera. En su denominada línea fuerte, ecocéntrica, de fondo, en contraposición a la línea denominada tecnocéntrica, superficial, blanda y corporativista de la transición, la descarbonización es apenas un primer peldaño, necesario pero insuficiente, para llegar a donde se desea con dicha escalera: la democratización, la justicia. Por ello, en la línea fuerte los artefactos que hacen posible la descarbonización son caracterizados como un medio para llegar a un fin, en ningún caso no son el fin mismo. Así, una granja solar es importante para descarbonizar, pero no es realmente un logro para la transición. Distinto, si además se convierte en una cooperativa donde los ciudadanos pueden ser accionistas y obtener beneficios directos de la venta de energía eléctrica al sistema interconectado, y mejor aún si la pueden reinvertir en sus localidades.
El automóvil eléctrico por sí mismo no mejora la movilidad de una ciudad, no contribuye por ejemplo a disminuir los trancones permitiendo a las personas desplazarse más rápido y mejorar la calidad de sus vidas a través de más tiempo disponible, de hecho puede contribuir a lo contrario, por ello es necesario combinar una serie de acciones como electrificar el transporte público, mejorar su calidad y desestimular el uso del automóvil privado; mejor aún si se reducen los viajes innecesarios. Y podríamos continuar exponiendo múltiples ejemplos y situaciones, pero la conclusión será la misma, para cada uno de los aspectos a los cuales la transición le apunta: agricultura, agua, construcción, energía, servicios públicos, economía, y de nuevo, un largo etcétera, se requiere una planificación integral.
Si bien la presencia de las y los investigadores mexicanos provenientes de las universidades públicas representa una esperanza en el nuevo campus de la transición para posicionar la mirada del Sur global por los diferentes esquemas que promueven desde su trabajo de cocreación y coproducción de soluciones con las y los ciudadanos, la tarea para los demás investigadores y tomadores de decisión es llevar la reflexión sobre la crisis a un plano que saque el problema de su delimitación a “lo ambiental”, tanto como del mínimo acuerdo ya alcanzado del peligro que es para la sobrevivencia de algunas especies, entre ellas la humana, y lo ubique en un ámbito territorial, de relaciones de poder.
Ello implica exponer sin eufemismos las relaciones depredación – sacrificados – ganadores que están en el fondo de la producción territorial actual, precisamente el estado de cosas que urge transformar. Solo así podremos comenzar a hablar de justicia y de un mundo diferente y posible al cual llegar al final de la escalera – aún inestable como la de los malabaristas-.
Instituto de Estudios Urbanos - IEU