Los países latinoamericanos a mediados de siglo XX pasaron por un momento político complejo. Primero, el ambiente geopolítico mundial de la segunda posguerra con el inicio de la Guerra Fría y sus implicaciones en la región; segundo, la acelerada urbanización de la población que trajo consigo problemas de ruralización y crecimiento urbano en las periferias de las principales ciudades latinoamericanas; y tercero, el grave problema habitacional, los temas de saneamiento y calidad de vida de la población. Este panorama ubicó la vivienda social en el tema protagonista del desarrollo urbano y administrativo de las ciudades latinoamericanas; además de leerse, al mismo tiempo, bien como un problema o como una solución. Como un problema, cuando afecta la calidad de vida de sus habitantes, genera malas relaciones con el territorio y el medio ambiente, cuando es insalubre y se convierte en un tema de salud pública, no propicia buenas relaciones comunales y los bajos ingresos de sus habitantes no permiten acceder a ella, etc. Como una solución, porque, como discurso político, ofrece la posibilidad de mejorar la calidad de vida de sus habitantes, conformar comunidades organizadas, tener fácil acceso a la vivienda, además del desarrollo urbano de las ciudades. Esta dualidad, estuvo acompañada por la institucionalización de la vivienda, en un cruce complejo entre agencias internacionales, instituciones nacionales y locales, encuentros panamericanos, latinoamericanos y nacionales que permitieron nutrir y fortalecer el ambiente intelectual del momento, con una importante presencia norteamericana.
De tal modo, comprender el papel de las unidades vecinales tanto en el desarrollo urbano de las ciudades latinoamericanas, como en la solución del problema de la vivienda social en la región, se convierte en una importante herramienta para reflexionar sobre las complejas circunstancias actuales de la vivienda social, aún sin solución.
Instituto de Estudios Urbanos - IEU