Esto arrastró al mundo hispánico a una revolución política, siendo una de sus consecuencias la formación de numerosos Estados autónomos. Desde los sucesos del 5 y 6 de mayo de 1808, hasta la batalla de Ayacucho, el 9 de diciembre de 1824, en el corto lapso de 16 años se derrumbó una monarquía que había gobernado un gigantesco territorio, lo cual dio paso a la declaración de la soberanía nacional y el triunfo de la política moderna, con la soberanía del pueblo y el sistema político representativo. En síntesis, una revolución política.
Esto no fue fácil. Al desaparecer la cabeza de la monarquía y diluirse la legitimidad de la Corona, solamente quedaba apelar a la soberanía del reino, del pueblo o de la nación, como sucedió de manera apresurada. Había que reemplazar al rey ausente y sin mayores dilaciones el camino que se siguió en la búsqueda de la escurridiza legitimidad siguió la ruta que trazó la Revolución Francesa, sin que esto fuera premeditado.
Todas estas angustias y contradicciones también se van a manifestar en la Nueva Granada, trastornando todo y obligando a iniciar profundas transformaciones, para las que no estaba preparada ni buscándolas. En mayo y junio de 1810 se organizaron juntas en diversas provincias, unas contra España otras contra las capitales provinciales, y no faltaron las que rechazaban a Santafé como capital virreinal. Pero no rechazaban a la España monárquica, que seguía siendo la deseada.
Es en este contexto que se suceden los eventos del 10 de julio de 1810. Este acontecimiento, no solamente marca un cambio en las relaciones de la Nueva Granda y España, sino también un cambio en los equilibrios del poder en el interior de este virreinato. En efecto, luego del Cabildo extraordinario que se realizó entrada la noche, se creó la Junta Suprema de Gobierno mediante un acta, que luego, más tarde, fue considerada como declaración de independencia. En ella asume esta Junta el gobierno supremo del reino y afirma su condición transitoria mientras se redacta una Constitución. Así, la Junta Suprema de Santafé asumió el gobierno interino de todo el reino, consolidado con la expulsión del virrey.
La eclosión juntista, con la constitución de juntas en diversas ciudades y villas, pusieron en evidencia la fragmentación del poder y la dispersión en la amplia geografía de la Nueva Granada, donde desde mediados del siglo XVIII había surgido numerosos centros de poder que disputaban las primacías urbanas tradicionales. Ahora sin la presencia del virrey ni del tribunal de la Real Audiencia, la soberanía se revirtió a los Cabildo de las ciudades capitales de las provincias.
Muy rápidamente hacen su aparición las tensiones acumuladas que existían entre las provincias por la disputa de los circuitos de comercio y el control de los recursos. Ahora, con los argumentos entre el centralismo y el federalismo. La desagregación del poder mostró que la fragmentación era muy profunda. En 1811 la Nueva Granada se encontraba dividida en tres grupos de poder, uno de ellos conformado por la provincia de Cundinamarca, otras eran monarquistas y un grupo formado por las Provincias Unidas.
Todas estas diferencias, las ideológicas y las militares, se consignaban en las Constituciones que se aprobaron entre 1811 y 1815, donde encontramos que unas proponían mantener el sistema monárquico, otras, cercanas a la modernidad política, propugnaban la creación de una república. Todo esto sucede de manera rápida, atropellada y en muchos casos de forma bastante confusa. Pero, a pesar de las premuras, el constitucionalismo colombiano nació en estos años a partir de la búsqueda de un camino para salir de la crisis que se inició en 1808. Se imprimieron las cartas constitucionales, se leyeron en las asambleas populares, se realizaron elecciones para escoger los diputados que participaban en las asambleas, se difundieron la constitución norteamericana y la francesa. Además, la primera constitución política que se redactó en el mundo hispánico fue la de Cundinamarca de 1811.
Es por esto que muy lejos a que los sucesos del veinte de julio dieron paso a la Patria Boba, o que los discursos pronunciados ese día sean calificados como veintejulieros, por carecer de contenido, y no tener importancia, lejos de esto, encontramos que allí se definió el camino que hemos seguido en la conformación de una sociedad moderna. La mal llamada patria boba esconde que en esos angustiosos años de 1811 a 1815 los enfrentamientos adquirieron el carácter de una guerra civil, donde se enfrentaron los que defendían el sistema monárquico y los que estaban por el establecimiento de un sistema republicano. La reconquista española de 1815 obligó al abandono del monarquismo y definió que el único camino era el del establecimiento de la República, como en efecto sucedió con la aprobación de la Constitución de 1821.
Instituto de Estudios Urbanos - IEU