En la actualidad, la violencia hacia la comunidad LGBTIQ+ continúa siendo una realidad persistente en Chile, a pesar de los avances en materia de derechos. Esta violencia es ejercida en diferentes contextos, siendo uno de ellos las ciudades, razón por la que podemos hablar de violencia urbana. Este estudio demuestra que la violencia no es sólo un problema social o cultural, y busca comprenderla como un fenómeno profundamente urbano, vinculado a las formas en que se planifican y habitan las ciudades. En este marco, el análisis desarrollado en la región de Valparaíso busca construir un perfil urbano de esta violencia, permitiendo no solo visibilizarla, sino también abrir nuevas perspectivas para su abordaje.
Para ello, se empleó una metodología cuantitativa basada en el análisis de noticias publicadas en prensa digital dentro de la región de Valparaíso, entre 2019 y 2024, junto con datos provenientes de estadísticas delictuales oficiales. A partir de esta información, se examinaron variables como la localización de los ataques, los tipos de violencia ejercida, la relación entre agresores y víctimas, y las consecuencias de los incidentes. Este cruce de fuentes permitió construir una lectura más compleja del fenómeno, evidenciando tanto sus manifestaciones visibles como sus zonas de opacidad.
Uno de los hallazgos más relevantes es que la mayoría de los actos de violencia contra personas LGBTIQ+ ocurren en espacios públicos. Calles, plazas y sectores urbanos abiertos aparecen como escenarios recurrentes de agresión, lo que pone en cuestión la idea de la ciudad como un espacio neutral. Los resultados sugieren que el entorno urbano no solo refleja desigualdades sociales, sino que también puede contribuir a reproducirlas, generando condiciones que facilitan la exclusión y la violencia.
En coherencia con lo anterior, el estudio muestra que una proporción significativa de los ataques es perpetrada por personas desconocidas para las víctimas, lo que refuerza la percepción de inseguridad en el espacio público. Sin embargo, la violencia no se limita a estos contextos, también se registran casos en entornos cercanos e incluso en ámbitos institucionales, evidenciando que se trata de un fenómeno transversal que atraviesa distintas dimensiones de la vida social.
Otro aspecto relevante es la posible existencia de subregistro. Aunque los datos policiales muestran tendencias consistentes en el tiempo, la cantidad de casos recogidos por la prensa es relativamente baja, lo que sugiere una brecha entre la ocurrencia de los hechos y su visibilización pública. Esta situación plantea interrogantes sobre los mecanismos de denuncia, la cobertura mediática y las formas en que ciertas violencias tienden a permanecer invisibilizadas en el espacio social
La investigación también destaca que la violencia hacia la comunidad LGBTIQ+ no se limita a agresiones físicas, sino que incluye formas más sutiles y normalizadas, como la violencia verbal, la discriminación institucional y la exclusión cotidiana. Estas expresiones, aunque menos visibles, tienen un impacto significativo en la vida de las personas, afectando su bienestar psicológico, su acceso a servicios y su posibilidad de habitar la ciudad en condiciones de igualdad.
Desde una perspectiva teórica, estos resultados se vinculan con la idea de que el espacio urbano ha sido históricamente configurado desde lógicas heteronormativas y patriarcales. En este sentido, la violencia no aparece como un fenómeno aislado, sino como parte de una estructura más amplia de relaciones de poder que regulan quiénes pueden ocupar el espacio público, cómo y en qué condiciones. El concepto de derecho a la ciudad resulta clave en este análisis, al plantear que todas las personas deberían poder acceder, habitar y participar en la vida urbana sin temor a la discriminación o la violencia. Sin embargo, la evidencia muestra que este derecho se encuentra limitado para la comunidad LGBTIQ+, cuya presencia en el espacio público sigue siendo, en muchos casos, objeto de sanción social.
Frente a este escenario, el estudio plantea la necesidad de avanzar hacia ciudades más inclusivas mediante intervenciones que aborden tanto las dimensiones físicas como simbólicas del espacio urbano. Esto implica, por una parte, mejorar condiciones materiales como la iluminación, la visibilidad y la seguridad de los espacios públicos, y por otra, promover acciones culturales y participativas que contribuyan a cuestionar las normas que sostienen la discriminación. Iniciativas como el arte urbano o el diseño participativo aparecen así como herramientas relevantes para visibilizar estas problemáticas y generar transformaciones en la forma en que se experimenta la ciudad.
En síntesis, la violencia hacia la comunidad LGBTIQ+ en la región de Valparaíso no puede entenderse únicamente como una serie de hechos aislados, sino como una expresión espacial de desigualdades estructurales. Reconocer su dimensión urbana no solo permite comprender mejor el fenómeno, sino también abre la posibilidad de intervenir en él desde el diseño, la planificación y la gestión de la ciudad. En este sentido, avanzar hacia entornos urbanos más seguros, equitativos e inclusivos se presenta como una condición fundamental para garantizar el ejercicio pleno del derecho a la ciudad para todas las personas.
Si deseas profundizar en la temática abordada en esta nota, consulta el artículo: Violencia hacia la comunidad LGBTIQ+ en Valparaíso: una lectura desde la ciudad.
Instituto de Estudios Urbanos - IEU