“Todavía revivo cuando me dijeron: ¡Nos vamos, ya nos vamos! Esta sencilla frase, pronunciada con una intensidad que no se desvanece con los años, evoca inevitablemente una serie de imágenes del desplazamiento forzado. Al escucharla, es fácil pensar en la salida abrupta de familias de la vereda El Topacio, en San Rafael (Antioquia), tras una violencia que marcó la región en 1988, remitiendo así a un momento de abandono de pertenencias, de dejar la casa atrás y de huir ante la amenaza latente del conflicto. Pero no. Este grito ocurrió casi treinta años después y no simbolizó una señal de terror, sino de esperanza, siendo un anuncio de un pronto retorno.
Esta delgada línea entre la memoria de la huida y la realidad del regreso es el hilo conductor que proponen las arquitectas investigadoras Mónica Mejía y Daniela Lopera en este artículo, en que a diferencia de los enfoques convencionales que analizan la restitución de tierras desde el enfoque normativo o de estadísticas de cumplimiento, se adentra en la dimensión humana, simbólica y material del posconflicto. El texto plantea una verdad incómoda: una cosa es poseer el título legal de la tierra y otra distinta es enfrentarse a un territorio que tras tres décadas de ausencia se ha vuelto algo ajeno.
A lo largo del artículo las autoras conceptualizan este choque mediante la noción de “vivienda enmontada”.Las familias retornadas no llegaron a abrir una puerta cerrada, sino que se enfrentaron a una serie de ruinas que la naturaleza había reclamado para sí, narrando con detalle cómo ese primer acto de habitar no consistió en acomodar enseres, sino en despejar esa vegetación densa para descubrir lo sobrevivido tras los muros originales, sepultados bajo años de abandono y crecimiento silvestre.
A lo largo de este análisis se presenta una investigación profunda acerca de las tensiones emocionales de este proceso, evitando idealizar la noción del retorno. En primer lugar, las autoras identifican el sentimiento de emoción ante la posibilidad de recuperar la identidad de “campesino minero”, retomar el oficio y el vínculo con el río, dejar atrás la anonimia y la precariedad de la vida urbana. Sin embargo, este colisiona rápidamente con la ruptura.
Está última marca ese doloroso contraste entre la casa preservada en la memoria e idealizada durante los años de exilio, y la realidad física del deterioro. Aunque el Estado cumplió con la entrega del predio, la investigación señala las dificultades de habitar espacios que carecen de servicios básicos, infraestructura adecuada y techos seguros, sumándole a la estigmatización, vista como una capa social compleja donde los retornados, paradójicamente se llegan a sentir extraños dentro de su propio lugar de origen, al ser observados con recelo por las dinámicas territoriales que se configuraron durante sus ausencias. El retorno, lejos de garantizar una reintegración plena, expone nuevas formas de exclusión y distancia, pues el solo reconocimiento jurídico de la propiedad no es suficiente para responder a la complejidad del proceso vivido.
Desde una mirada atenta a la vivienda, el artículo recorre las transformaciones espaciales de cinco casas del retorno, mostrando cómo estas se convierten en archivos vivos de trayectorias marcadas por el desplazamiento y el regreso, reconfigurándose para las necesidades actuales. Espacios que antes tenían usos domésticos tradicionales se transforman por necesidad. Habitaciones de antaño que albergaron hijos fallecidos o ausentes hoy se adaptan como pequeños comercios para el sustento diario, y los corredores y zonas de tránsito asumen nuevas funciones como bodegas o espacios de socialización, siendo cada modificación una expresión de ajuste, resistencia y negociación con el presente.
En conjunto, el artículo ofrece una mirada profunda y necesaria sobre el retorno visto como proceso social y espacial más que como acto administrativo, invitando a comprender que volver no implica restituir lo perdido ni cerrar un daño, sino a aprender a habitar nuevamente un territorio atravesado por la memoria, la ruina y el esfuerzo continuo por permanecer. Más que un final reparador, el retorno aparece aquí como un proceso abierto, frágil y persistente, en que la vivienda se convierte en el lugar donde se intenta una vez más recomponer la vida.
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Instituto de Estudios Urbanos - IEU