Esta representación fílmica ilustra cómo la construcción de una ciudad, quizás la más emblemática del mundo, es el resultado de procesos históricos complejos que unen al pasado con el presente y no deben ser ignorados.
Ningún espacio urbano en el mundo ha permanecido estático; la transformación física de las ciudades es una constante a lo largo del tiempo. Las vías de comunicación, por ejemplo, han evolucionado desde el tránsito de carruajes tirados por caballos hasta la circulación de vehículos eléctricos. En América Latina, este proceso de urbanización ha sido particularmente acelerado: mientras en 1950 el 41% de la población era urbana, para 2010 esta cifra ascendió al 80%, y se proyecta que alcanzará el 90% en 2050 (CEPAL, 2024).
Las causas del crecimiento urbano en la región pueden clasificarse en tres periodos, en estrecha relación con los procesos económicos predominantes (De Oliveira y Roberts, 1997). El primero, de los años treinta a los cincuenta, se caracteriza por el inicio de la industrialización que origina las primeras migraciones del campo hacia las fábricas urbanas. El segundo periodo corresponde a la industrialización orientada a la producción de bienes intermedios y de capital. Finalmente, la tercera etapa se asocia al auge del sector servicios que consolida el proceso de urbanización.
Este crecimiento urbano propició la expansión del aparato burocrático y una mayor demanda de servicios básicos como salud y educación, lo que derivó en la multiplicación de hospitales, escuelas y universidades. Paralelamente, la demanda de vivienda experimentó un incremento significativo, reflejando las transformaciones demográficas, económicas y sociales asociadas a las grandes ciudades.
Al llegar la crisis de la década de los ochenta, ciertas zonas habitacionales urbanas sufrieron deterioro y abandono, fenómeno que años después, en algunos casos, culminó con la llegada de nuevos residentes con mayor poder adquisitivo. La globalización impulsó a las grandes empresas transnacionales (europeas, estadounidenses, chinas o surcoreanas, principalmente) a abrir oficinas en los países latinoamericanos con todo y directivos de dichos países, quienes incrementaron la demanda de vivienda de alta calidad. Posteriormente, el auge del turismo de masas y el trabajo remoto tras la pandemia de COVID-19 propiciaron el arribo de “nómadas digitales”, lo que incrementó el precio de las rentas, abrió el mercado de alquiler temporal vía aplicaciones y fomentó la búsqueda de espacios residenciales cómodos y adaptados a las necesidades de estos nuevos habitantes.
A este fenómeno se le denomina gentrificación, término acuñado por la socióloga inglesa Ruth Glass en su obra de 1964, London: Aspects of Change, para describir los cambios demográficos en barrios urbanos. Ejemplos paradigmáticos incluyen Notting Hill en Londres y Chelsea y Tribeca en Nueva York, barrios que, tras periodos de abandono, experimentaron una renovación impulsada por la llegada de poblaciones de mayor poder adquisitivo. Actualmente, la gentrificación es entendida como “un proceso de renovación y reconstrucción urbana se acompaña de un flujo de personas de clase media o alta que suele desplazar a los habitantes más pobres de las áreas de intervención” (ONU-Hábitat, 2019).
Barrios como La Condesa en Ciudad de México, Lastarria en Santiago de Chile, Palermo en Buenos Aires o El Poblado en Medellín comparten la experiencia de ver transformadas sus calles tradicionales por una oferta creciente de actividades gastronómicas, culturales y de vida nocturna. Entre los efectos positivos destaca la revitalización urbana, el aumento en la actividad económica local y un mayor valor inmobiliario. Sin embargo, estos procesos también generan efectos adversos, como el encarecimiento del costo de vida y el incremento de las rentas, lo que obliga a muchos residentes originales —especialmente aquellos en situación de renta— a desplazarse hacia otras zonas de la ciudad ante la imposibilidad de afrontar los nuevos precios.
Ante la falta de alternativas y el escaso crecimiento económico en la región, algunas ciudades han adoptado la gentrificación de barrios específicos como estrategia para impulsar sus economías locales, apostando al incremento del consumo y la recaudación fiscal producto de la llegada de turistas y nómadas digitales con alto poder adquisitivo.
La consecuencia no deseada es la migración de quienes se ven obligados a reubicarse, muchas veces hacia la periferia de las ciudades, con la consecuente pérdida de identidad, hábitos y amistades, pero sobre todo, con la sensación de impotencia ante el encarecimiento general de las rentas. Las nuevas condiciones de los barrios atraen a mucho foráneo pero van rompiendo de a poco el tejido social que mantenía unida a una comunidad.
La gran apuesta es conciliar el desarrollo económico con la cohesión social, lo que requiere la intervención activa del Estado, a través de instrumentos regulatorios en materia mercantil y de construcción que impulse un crecimiento sostenido y justo. Es imperativo generar planes de desarrollo urbano específicos para barrios en proceso de gentrificación, que contemplen, entre otras medidas, la prohibición de nuevas edificaciones sin estudios de impacto ecológico y social; la creación de fondos de apoyo para residentes de larga data cuyas rentas hayan superado el incremento inflacionario, y tengan antigüedad de residencia en el mismo domicilio de más de 15 o 20 años; la promoción de acciones de inclusión que fortalezcan el sentido de comunidad entre comercios, restaurantes y vecinos.
El futuro de las ciudades no radica en prohibir la transformación, sino en alcanzar mecanismos de conciliación que permitan el desarrollo económico sin sacrificar la cohesión y el bienestar de sus comunidades originarias.
Referencias:
CEPAL (2024). Informe urbano de América Latina y el Caribe 2024.
ONU-Hábitat (2019) Guía global para el espacio público: de principios globales a políticas y prácticas locales.
Orlandina de Oliveira; y Bryan Roberts (1997). “El crecimiento urbano y la estructura social urbana en América Latina, 1930-1990”, en Historia de América Latina. Tomo 11. Economía y sociedad desde 1930. Leslie Bethell, ed.
Instituto de Estudios Urbanos - IEU