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Trump salió del acuerdo nuclear con Irán

Publicado el Martes, 15 Mayo 2018, en Destacados, Participación en prensa

Aunque en Colombia nadie tome nota, esta decisión de Trump sienta un precedente funesto para todos los acuerdos que tiene o tenga Estados Unidos con el resto del mundo.

Trump salió del acuerdo nuclear con Irán

* Por el profesor Carlos Alberto Patiño Villa

Deshaciendo la obra de Obama

El pasado 9 de mayo, el presidente Donald Trump anunció que su país se retirará del acuerdo nuclear con Irán.

Esta decisión confirma que uno de los principales objetivos de Trump es borrar sistemáticamente el legado de su predecesor Barack Obama. Esta obsesión le ha llevado a cometer errores estratégicos y a varias crisis en materia de política exterior.

En ese mismo contexto, Trump ha decidido:

- Suspender los acercamientos con Cuba;

Retirar a Estados Unidos del Acuerdo de París;

Retirarse del Tratado de Libre Comercio Transpacífico (TPP);

- Imponer vetos y restricciones a los inmigrantes de países islámicos, 

Desmontar la protección a los hispanos indocumentados que crecieron en Estados Unidos, y

- Aumentar unilateralmente los aranceles sobre las importaciones de acero y de aluminio que provienen tanto de países rivales (China) como de aliados de Estados Unidos (Europa, Corea del Sur e inclusive Colombia).    

Cada una de estas medidas ha despertado polémicas y ha producido tensiones  dentro y fuera de Estados Unidos. Pero la decisión de romper el acuerdo nuclear con Irán, oficialmente conocido como Plan de Acción Conjunto y Completo (PACC), tiene efectos diplomáticos, militares y jurídicos especialmente importantes.

Incumplir los tratados

En el plano diplomático, la decisión les quita credibilidad a las posiciones de Estados Unidos en materia de política exterior.

Las negociaciones de Estado (y no solo de gobierno), avaladas por el Congreso, quedan a merced del gobernante de turno, lo cual los deja sin efectos a largo plazo. Esto mina la confianza de los demás Estados y afecta tanto el cumplimiento como la sostenibilidad de todas las negociaciones que se hagan en el futuro.

Por  eso el retiro unilateral del PACC por parte de Trump -no obstante la oposición cerrada de los demás signatarios del acuerdo (Gran Bretaña, Francia, Alemania, la Unión Europea, Rusia, China y por supuesto Irán), así como de su propio Secretario de Defensa, de casi todo su partido Republicano, de casi todos los expertos y del 63 por ciento de los norteamericanos- afecta seriamente la credibilidad de Estados Unidos en relaciones criticas como las de:

- Corea del Norte, cuando ya está prevista la reunión entre Trump y Kim Jong Un, supuestamente para negociar el tratado sobre la completa desnuclearización de la península, una meta que ningún presidente ha podido lograr en muchos años.

- China, firmante del pacto y competidor geoestratégico de Estados Unidos;

- Rusia, el otro gran rupturista del statu quo internacional, o

- Peor aún, Francia, Alemania, el Reino Unido y la Unión Europea, los aliados hasta ahora indudables de Estados Unidos.

¿Una guerra nuclear?

En el plano militar, el acuerdo preveía congelar el proceso de enriquecimiento de uranio por parte de Irán, a cambio de ser rehabilitado con plenos derechos económicos en el orden internacional.

Así se postergaba por diez años cualquier posibilidad de acceder a las armas nucleares en esta zona de tensiones explosivas entre las dos Coreas, China, Japón y por supuesto el propio Estados Unidos.

Varios de los negociadores del acuerdo afirmaron desde 2015 que habría una próxima ronda de negociaciones en 2024 y 2025, para garantizar que el programa nuclear de Irán fuera exclusivamente civil. Pero el romperse el acuerdo el régimen de Teherán puede reiniciar de inmediato su programa y darle los usos civiles o militares que a bien tenga.

Incluso Irán podría retirarse de los tratados de no proliferación que ha suscrito en Naciones Unidas, como lo hizo Corea del Norte a raíz de la dura política que adoptó Bush en contravía de los avances que para entonces había logrado Clinton.  

Trump y sus asesores utilizaron toda clase de excusas para romper el acuerdo, como que algunas de sus cláusulas solo tendrían vigencia durante diez años o que él no incluía la cuestión de los proyectiles de largo alcance o el apoyo de Irán a sus aliados en las guerras de Siria y de Yemen. Pero con esto confirma su insensatez y arrogancia, en tanto que un tratado no se puede romper por el hecho de que al nuevo presidente no le guste. 

Desde la desastrosa guerra de Estados Unidos contra Irak y el vacío de poder que produjo la caída de Saddam Hussein, su principal vecino –y su rival en una guerra con millones de muertos- se convirtió en una potencia regional, con acuerdos políticos y de defensa con la India y en la misma tribuna geopolítica que Rusia y China.

Irán compite directamente con Arabia Saudita por el liderazgo del mundo musulmán y eso hace que las guerras de Siria, Yemen, Libia y el pulso por el futuro de Egipto o Líbano sean cada vez más agudos entre las dos potencias islámicas.

Bajo el reinado de Salmán bin Abdulaziz y el protagonismo creciente del príncipe heredero Mohamed bin Salmán, Arabia Saudita ha dado pasos para allanar cercanías tanto con Israel como con el gobierno de Trump —algo que se consideraba difícil bajo la presidencia de Obama—.

Así, Irán se ha vuelto el enemigo común de Estados Unidos, Israel y Arabia Saudita. En ese contexto, la ruptura del acuerdo acelera la carrera nuclear en la región, que ya se viene consolidando desde antes: Israel es un poder nuclear, mientras que Arabia Saudita y Pakistán —su aliado estratégico y religioso— ya han intercambiado tecnología nuclear.

Pero, al mismo tiempo, la apertura de este nuevo escenario de confrontación deja abierta la pregunta por las relaciones entre Pakistán y Estados Unidos. Pakistán se ha convertido en un aliado de China, que administra uno de los puertos paquistaníes más importantes, el de Gwadar, ubicado entre el mar de Arabia y el Golfo Pérsico.

No obstante sus enormes fuerzas armadas y el hecho de contar con tecnología y armas nucleares desde la guerra de Kargil en 1999, Pakistán es un Estado muy débil. De aquí la posibilidad de que provea de armamento nuclear a Arabia Saudita, y tal vez inclusive a otros países.

¿Qué sigue para la comunidad internacional?

En el plano jurídico no me detendré por respeto a los expertos en el área.

Sin embargo repito que un tratado no puede deshacerse sin causa comprobada y que el acuerdo firmado en 2015 no contempla cláusulas de salida, pues se suponía que era un compromiso indeclinable de la comunidad internacional y que, como tal, debería mantenerse en pie.

Una vez roto el acuerdo, la posibilidad de recomponerlo se ve cada vez más lejana. En este punto, solo podrán salvarlo los Estados europeos firmantes, especialmente Francia y el Reino Unido, con la participación de Rusia y China. A diferencia del debilitado sistema diplomático de Estados Unidos —que ha atravesado varias crisis, incluyendo el intento de reforma de Rex Tillerson y ahora la dirección radical de Mike Pompeo—, Francia y el Reino Unido cuentan con cancillería más fuertes, capaces de sostener acuerdos internacionales de largo aliento. El presidente de Irán ya ha reaccionado con firmeza, aunque el gobierno de Trump quiera desconocerlo.

Irán ha defendido su derecho a decidir si mantiene o no el acuerdo y los sectores radicales han respondido con tanta dureza que el presidente Rouhaní –un  moderado en materia de relaciones con Occidente- ha tenido que actuar con firmeza para no ceder ante los opositores políticos internos, mucho más conservadores y antinorteamericanos.

Pero los efectos de esta ruptura no se limitan únicamente a Irán. Los acuerdos que Trump pueda alcanzar en su reunión con Kim Jong-Un, gobernante de Corea del Norte, tendrán un inmenso manto de duda que pondrá en entredicho la credibilidad y sostenibilidad de lo pactado.

Por lo demás, si Irán y los otros Estados firmantes logran un consenso para mantener el acuerdo en firme, eso podría indicar que los Estados Unidos llegaron a una posición prescindible en la comunidad internacional.

Eso parece mostrar también la participación del Presidente de China en el foro Davos de 2017, en donde criticó las políticas proteccionistas de Trump y presentó el proyecto globalizador más ambicioso de las últimas décadas, conocido como “La nueva ruta de la seda”.

En todo caso, la ruptura del acuerdo nuclear deja al mundo en vilo y reaviva el temor de una confrontación nuclear.

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  • *Artículo escrito por el profesor Carlos Alberto Patiño Villa para Razón Pública 

    • Etiquetas: Prensa
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