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Élites, posconflicto y bandas criminales en territorios con economías de guerra

Publicado el Jueves, 03 Mayo 2018, en Destacados, Noticias

La teoría de las élites afirma que en todas las sociedades la dirección política, administrativa, militar, religiosa, económica, e incluso subversiva es ejercida por una minoría organizada, es más antigua de lo que comúnmente se cree2.

Foto: CreativeCommons.Flicker/Dkmelo

Existe amplio consenso académico en reconocer la existencia de élites nacionalistas y no nacionalistas. Todo parece indicar que en el caso colombiano estamos padeciendo en la actualidad y padeceremos en el futuro el segundo tipo de élites. Siete son las razones para afirmar lo anterior.

Primero. Los indicadores fundamentales de mortalidad neonatal, e infantil3, de escolaridad media, pobreza, indigencia, desnutrición, desempleo global, desempleo juvenil, concentración del ingreso y desigualdad son palmarios en registrar la existencia de marcadas diferencias regionales. Es decir, existen varias Colombias. La gran mayoría de las grandes obras de infraestructura y otros proyectos sociales de gran impacto no capturan esta realidad.

Segundo. Esas brechas regionales son reconocidas cada cuatro años, como en la actualidad, cuando cada grupo político configura su plataforma de campaña y luego se diluyen en propuestas y proyectos sin mayores impactos locales, sobre todo, los adelantados en el corredor del pacífico. Región donde las llamadas economías de guerra se presentan con mayor virulencia: narcotráfico, minería ilegal, tráfico de armas, extorsión, etc. No es gratuito que casi todas las bacrim han tenido que ver con Tumaco y Buenaventura: los rastrojos, las águilas negras, la nueva generación de AUC, las Farc (Frente 29) y el ELN (Frente Mariscal Sucre).

Tercero. Las élites políticas del régimen no han podido entender que son esos rezagos estructurales los que en buena medida explican dichas curvas de ingobernabilidad, violencia, desplazamientos y desesperanza social. Con niveles de desempleo juvenil superiores al 65% en Tumaco, Buenaventura y Quibdó; es casi un milagro que en dichos territorios no se hayan presentados verdaderos estallidos sociales. Las vacíos institucionales en casi todo el territorio rural del corredor del pacífico, fue y es copado por las bacrim que explotan las ya referidas rentas de guerra. En continuas batallas sangrientas por la producción y comercialización de cocaína, minería ilegal, extorsión, etc. han producido verdaderas crisis humanitarias por la cantidad de desplazados que dichos combates generan. Tanto las élites nacionales como locales conocen el fenómeno, y las políticas impulsadas no han dado los frutos deseados, entre otras cosas porque en algunos casos ellos también resultan favorecidos con ese estado de cosas: sobre todo del narcotráfico4.

Cuarto. La gran mayoría de las Agencias Internacionales del sistema de Naciones Unidades reconocen a Colombia como uno de los países más desiguales de América Latina, solo le gana Brasil. Esta realidad que ameritaría serios y profundos debates, solo sirve para darse golpes de pecho, cuando estas mismas élites van al exterior a buscar dinero en obsequio vía cooperación internacional. Proceso que iniciaron, tras el acuerdos de paz con las Farc.

Quinto. Las élites políticas del país le han otorgado plenos poderes a las élites económicas sin mayores controles. Solo ver las cifras de utilidades del sector financiero y cualquier observador con mediana conciencia social se espantaría. Las utilidades del sector financiero del año 2014 superaron los 7 billones de pesos (revista semana, No. 1716:11)5. Esos márgenes de utilidades se logran gracias a la expoliación de los ingresos medios de los hogares más pobres.

Sexto. El posconflicto debe entenderse como una gran oportunidad para el país, no para las élites del régimen y las élites subversivas. Ninguna de las dos está entendiendo la complejidad del problema y por tanto, la academia independiente está llamada a alertar sobre los nuevos desafíos del postconflicto en un contexto de economías de guerra con liderazgos de élites no nacionalistas. La literatura social está plagada de procesos donde se reconoce que las élites son poco amigas de la verdad. De ahí que el posconflicto será un monumento a la mentira si los observadores y garantes son laxos a la hora de supervisar y hacer cumplir los acuerdos de parte y parte. Algunas bandas criminales actuales son el producto de esa cultura de la mentira de la élite gobernante6, que prometió subsidios en apoyos a los desmovilizados de las Autodefensas Unidas de Colombia y luego no le cumplieron o no entendieron la complejidad del fenómeno.

Séptimo. Las historias de Costa de Marfil y el mismo país de Nicaragua son claras muestras de que las élites y las aristocracias no perduran y al parecer le dan la razón a Bolivar (2002:390), ya que degeneran en el transcurso del tiempo. Toda élite necesita organizarse con refuerzos provenientes de las clases inferiores, con sus mejores elementos. Con la decadencia de una élite, una nueva élite llena de fuerza y vigor se forma en el seno de las demás clases. La lucha y la circulación de las élites es la esencia de la historia; por lo tanto, los levantamientos populares no siempre tienen consecuencias positivas para el pueblo, sirven solo para facilitar la caída de la vieja élite y el surgimiento de la nueva. La historia del M-19 y la presencia de las élites de las Farc en la escena política no implican cambios profundos en el modelo de acumulación del país. Incluso, si la academia no está pendiente de dicho proceso, podemos esperar a futuro una batería de nuevas bandas criminales de baja y mediana complejidad en todo el territorio nacional, pero con mayor presencia en las regiones donde se presentan las economías de guerra.

El fin del conflicto con las Farc no implica que desaparezcan las economías de guerra: el narcotráfico, la minería ilegal, el tráfico de armas, etc. Estos procesos incluso pueden multiplicarse si la academia y otros sectores independientes no supervisan con todo el rigor los diversos impactos del posconflicto en los territorios con marcadas presencias de bandas criminales. El Acuerdo de Paz en su expresión más simple, es un desafío muy importante para el país, como para dejárselo solo a las élites del régimen y de la subversión, máxime si se conoce que unas y otras adolecen de una verdadera postura nacionalista: solo basta mirar la agenda que se desarrolló en La Habana. En ningún punto se discutió el papel del sector financiero nacional y transnacional en el desarrollo de Colombia, solo por citar un caso. Sin una banca de desarrollo, y un modelo educativo incluyente es imposible pensar en otro modelo de país.

Por: Moisés Cetré,Ph.D: Profesor Exclusivo de la Universidad Nacional de Colombia. Exsesor de la OEA en Nicaragua en el período de transición del gobierno sandinista al de la señora Violeta Barrios de Chamarro.

  • 2Citado por Rosendo Bolivar (2002:387), Teoría de las Elites en Pareto, Mosca y Michels. Lo subrayado es nuestro.
    3En Colombia ha descendido la mortalidad infantil. Según la Encuesta Nacional de Demografía y Salud (2010), en el 2005 la tasa de muertes de niños durante el primer año de vida era de 19 por cada 1.000 nacimientos. Para el 2010, descendió a 16 (15 por 1.000 en la zona urbana y 17 por 1.000 en la rural).

    También descendieron las cifras de mortalidad infantil en niños menores de 5 años, de 22 por cada 1.000 en el 2005, a 19 en el quinquenio posterior. Para 2011 los departamentos en los que la situación presentaba mayor gravedad eran Vaupés, Guainía, Vichada, Chocó, que continúan con tasas de mortalidad infantil por encima de 20 muertes de menores de un año por 1.000 nacidos vivos; para los departamentos que tienen las mayores tasas, la mitad más baja es similar al promedio de la tasa de mortalidad infantil en América Latina y el Caribe, que está en 22 por mil nacidos vivos según el informe del Estado Mundial de la Infancia 2007 y 2009. En el 2005 mientras la tasa de mortalidad infantil en Bogotá para menores de cinco años era de 15 casos por 1.000 nacidos vivos, en los grupos poblaciones excluidos de Nariño eran: indígenas (55,7) y afros (53.5 defunciones por cada mil infantes). Cepal, Departamento de Nariño-perfil sociodemográfico básico.
    4Para 2014 la tasa de mortalidad infantil de Bogotá era de 9,6 casos por 1.000 nacidos vivos, para Nariño era de 40.56 y para el país es 20,13 casos por 1.000 nacidos vivos. Eso muestra con meridiana claridad las diferencias regionales.
    Para comenzar, hay que partir de la definición de que el narcotráfico es una actividad económica que implica cambios en las relaciones sociales, en los discursos y en las prácticas culturales. El narcotráfico se articula a los procesos políticos y en el contexto electoral subvenciona campañas políticas cuyos costos han crecido exponencialmente. Con ello adquiere una gran capacidad de incidencia política y de poder real. En este sentido, el narcotráfico se comporta como cualquier otro conglomerado empresarial que requiere representaciónes en instancias de decisión legal, judicial y /o administrativas (Ricaro Vargas: 2013:5). Las drogas como economías de guerra y el proceso de paz en Colombia. Dilemas y desafíos. Transnational institute- Informe sobre políticas de drogas No.41.
    5Si el sector financiero reporta 7.2 billones de pesos aproximadamente, y conociendo la dificultad de controlar las operaciones de este sector, incluso en los países desarrollados, algunos investigadores estiman que esas cifras siempre hay que multiplicarlas por dos.
    6Las mentiras no son sólo a los desmovilidados de las AUC, también son reconocidas las mentiras a: agricultores, indígenas, transportadores, taxistas, educadores, etc.

    • Etiquetas: ciudades, criminalidad, elites
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