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Bogotá, el sueño de una capital moderna

Publicado el Lunes, 06 Agosto 2018, en Destacados, Noticias

* Fabio Zambrano Pantoja, profesor del Instituto de Estudios Urbanos (IEU) de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Bogotá, hizo referencia a los primeros intentos, exitosos al comienzo, fallidos al final, de construir una capital moderna.

Foto Alcaldía Mayor de Bogotá

Cuando arranca la economía exportadora en Colombia a mediados del siglo XIX hay un sueño de modernidad y optimismo, con una serie de gobiernos liberales que introdujeron transformaciones importantes en materia de derechos políticos, ciudadanía, libertades electorales, de pensamiento y de imprenta, pero sin modernización, ya que la economía exportadora era demasiado débil para sostener este proceso.

El historiador recordó que durante la ‘república conservadora’, un periodo a finales del siglo XIX amparado por una constitución política teocrática, se generó un discurso de contención de la modernidad: se le entrega la educación a la iglesia católica y las dos terceras partes del territorio nacional se le entregan a un gobierno extranjero para que sea administrado. Por lo tanto, insistió el académico, esto contradice lo que pudo ser un Estado moderno. Sin embargo, de forma contradictoria, en ese momento comienza un proceso de modernización, ya que, por ejemplo, la economía del café va a generar transformaciones urbanas importantes y un cambio de la vida cotidiana con el transporte (ferrocarril, camiones, automóviles y vías) que generan unos mercados más integrados.

Posteriormente, en 1930 hay un cambio de régimen y se inicia la llamada ‘república liberal’. En 1934, con el gobierno de Alfonso López Pumarejo, se inició un esfuerzo para transformar varios elementos del funcionamiento de la ciudad. En primer lugar, convertir a Bogotá en capital de la nación, para lo cual se construyó una serie de edificios y espacios asociados a la idea de nación, entre ellos, la Universidad Nacional de Colombia, la Biblioteca Nacional, Radio Nacional, entre otros. Esto, que ya venía dándose en América Latina desde el siglo XIX, comienza a construirse de manera tardía en Bogotá en los años 30. Por esta época la ciudad empieza también a crecer demográficamente, pero no crea nuevos espacios urbanos sino que subdivide las casas coloniales. Con la economía cafetera la ciudad pasa de tener 100.000 habitantes a cerca de 350.000 en 1938. Con esto emerge también el urbanismo mercantilizado: la venta de lotes sin servicios públicos. Este proceso está acompañado de un cambio anterior, en 1933, cuando con la llegada del urbanista Karl Brunner se empiezan a vislumbrar los primeros intentos de planear la ciudad. A esto se suma la creación del Catastro y la aplicación de los principios de valorización.

El profesor Zambrano indicó que en la mirada política de la ‘república liberal’ se evidencia una concepción de lo público y un claro esfuerzo por hacer corresponder la modernidad con la modernización: se produce una apertura de la ciudadanía, se crea la cédula como documento de identidad y se da una expansión de lo político, pensando en que la ciudad debe cambiar para todos los ciudadanos. El resultado es que comienza a construirse una ciudad pensanda en su totalidad y na tan sólo en los lugares donde vivía la elite. En este sentido destacó a Jorge Eliecer Gaitán como uno de los grandes alcaldes de Bogotá, aunque no pasó a la historia como tal. Gaitán tuvo una visión de lo público y de la ciudad admirable e hizo un esfuerzo considerable por transformar la forma como el municipio estaba actuando sobre la ciudad. La visión que tienen los gobernantes liberales va a estar permeada por esta visión de integrar la ciudad y solucionar la segregación social.

Esto se refleja en edificios públicos como La Media Torta, el Estadio Nemesio Camacho El Campín, el Estadio de la Universidad Nacional, la planta de tratamiento de Vitelma y la Biblioteca Nacional. En definitiva, hay un esfuerzo por construir un Estado local fuerte basado en el catastro y la valorización urbana. En 1938 se configura un mapa cartográfico de la ciudad como resultado del trabajo de la Oficina de Nomenclatura. Para el historiador, en este momento se pasa de administrar la ciudad a gobernarla. Sin embargo, este sueño de convertir a Bogotá en una capital moderna naufraga en los años 40. Por esta época surge ‘la violencia’, un periodo de la historia colombiana en la que murieron más de 200.000 personas. Este proceso desbarató las pocas instituciones de gobierno urbano que se habían instaurado, desestructuró el Estado y lo volvió un instrumento de las luchas partidistas entre Liberales y Conservadores. También provocó que el proyecto del gobierno urbano de los años 30 fracasara rotundamente. Esto permitió que el modelo mercantil especulativo de urbanización se acelerara y, en consecuencia, se convirtiera en la vía que escogió la ciudad para desarrollarse.

 

*Texto publicado en Debates de Gobierno Urbano - Nuevas fronteras de la filosofía política contemporánea
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