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Bogotá, camino a ser un desierto de concreto

Publicado el Jueves, 08 Septiembre 2016, en Noticias

Si las políticas urbanísticas no se ajustan para preservar el sistema hídrico de la ciudad, pese a las necesidades de vivienda en Bogotá, en menos de dos décadas la capital podría convertirse en una mancha de cemento entre Ciudad Bolívar y Chía. Unimedios

Foto: Unimedios

Si bien las normas existentes prevén el valor social de la propiedad y la estructura ecológica de las construcciones, el ritmo de urbanización que está evidenciando la ciudad, en particular en el eje de la 80 hasta Cota, Usme, Mosquera y zonas cercanas a la unión del río Fucha con el Bogotá, cambiaría el tejido morfológico de la capital en diez años, sometiendo a la ciudad a umbrales de insostenibilidad ambiental.

Así lo conceptúa el docente de la Escuela de Arquitectura y director del Instituto del Hábitat de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.), Henry Talavera. Además, afirma, la ciudad está a tiempo de evitar esa dinámica, siempre y cuando vuelva en el corto plazo a la letra menuda de los planes de ordenamiento, para no llegar a los niveles de contaminación de Ciudad de México.

El tema hace parte de debate y análisis en el seminario taller Agua y Ciudad, organizado por el Instituto de Hábitat de la U.N. y la Universidad Nacional Autónoma de México.

Con una población flotante y conurbada de 20 millones de habitantes, Ciudad de México ha experimentado un esparcimiento horizontal en el que el porcentaje de verde por hectárea no supera un dígito (en Bogotá está por el orden del 20 % al 30 %). Y si bien es una ciudad robusta en equipamiento (colegios, hospitales y supermercados) e infraestructura con 13 líneas de metro en la zona central, esta representa el 40 % de la ciudad. El 60 % de la población restante reside en zonas similares a la periferia bogotana, sin metro y con una precaria estructura.

Para el docente, hay que asegurar, desde Planeación, que la oferta de construcción del Distrito sea articulada. En la actualidad cada sector tiene su propia dinámica, en donde han construido viviendas, una zona natural y edificios de equipamiento, separados por cercas. Con ello, sostiene, “se crean dinámicas tendientes a que lo que ocurre más allá de las cercas es problema de nadie”, sacrificando el proyecto urbano, que está en los planes maestros, pero no es implementado.

“Un colegio, en este caso una estructura educativa de alto impacto, cercano a un humedal, tendría que convertirse en una matriz para hacer pedagogía ambiental. Por el contrario, se construye el lote, instalan una cerca y el componente natural es dejado a un lado”, explica.

Desarrollar la sabana implica saber leer el sistema hídrico de la ciudad, que en esencia lo estructuran las cuencas del Tunjuelo, el Fucha y el Juan Amarillo. Sin embargo, los afluentes han quedado reducidos a inventarios, pues son concebidos como hilos de agua y no como territorios con interacciones.

 

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    • Etiquetas: bogota, ciudades, urbanismo
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