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"Una parte importante de los jóvenes que están en los puntos de resistencia (en Cali) no han terminado ni siquiera el bachillerato", profesor Fernando Urrea

Texto, Publicado el Domingo, 30 Mayo 2021, en Noticias, Destacados

En diálogo con el Instituto de Estudios Urbanos, Fernando Urrea, profesor emérito de la Universidad del Valle, explicó el panorama de Cali en función de la relación con los municipios del sur del Valle del Cauca y del norte del Cauca para entender el fenómeno colectivo y radical que se ha extendido por esta región.

Punto de resistencia en el sector del Paso del Aguante, norte de Calo / Foto cortesía para el IEU

 

El profesor Urrea es sociólogo de la Universidad Nacional de Colombia y magíster en Ciencia Política de la Universidad de los Andes. Sus investigaciones han estado enfocadas a los estudios raciales y del trabajo; clase social y etnicidad-raza; interseccionalidad de género e identidades sexuales con etnicidad-raza y clase social (masculinidades y feminidades negras, indígenas y blancas-mestizas); violencia, crimen y etnicidad-raza.

Frente a un contexto de racismo, pobreza, lucha de clases y promesas incumplidas ¿cuáles considera son las razones estructurales de las manifestaciones y de la escalada de violencia en los departamentos del Valle del Cauca y Cauca? 

Es la región, en términos relativos, que más concentra población negra de Colombia. Alrededor del 15 % de la población afro del país está ubicada en Cali y si tomamos a Cali como ciudad región ampliada, que incluye el sur del Valle del Cauca y los municipios del norte del Cauca, encontramos presencia de al menos millón y medio de afrodescendientes, equivalente al 35 % de esta población en el territorio nacional. Es una concentración grande e importante. La tercera parte de Cali es negra, son más de 700 mil personas que viven principalmente en el suroriente de la ciudad y en las zonas de ladera.

También encontramos a la población indígena, que si bien no tiene la misma magnitud de presencia en Cali, es fundamental para entender las dinámicas de la ciudad. En el territorio la Alcaldía reconoce seis cabildos indígenas, su población no supera las 20 mil personas en al ciudad pero si hablamos de la región metropolitana al menos 6 municipios del norte del Cauca son indígenas, particularmente población Nasa; la interacción de estos municipios a lo largo del año se hace con Cali y no con Popayán, es decir, a esta ciudad van a comprar bienes y a hacer usos de servicios como la educación superior y la salud. Incluso entre las barras de América de Cali hay un bloque indígena grandísimo, cada vez que juega el equipo de fútbol llegan de seis a ocho chivas llenas de aficionados indígenas a verlo jugar. 

Esto ha ido incrementando con la expansión de la mancha urbana del norte del Cauca, acelerada por las empresas de la Ley Páez que hoy constituye una de las zonas francas más desarrolladas del país. El desarrollo industrial de Cali se ha dado fundamentalmente en el norte del Cauca. 

En ese contexto no es de extrañarse que la minga indígena se movilice principalmente a Cali. Desde hace por lo menos 10 años ha habido un acuerdo tácito con la Universidad del Valle para que los indígenas se alojen en su campus. Esta población ha jugado un papel fundamental en el paro, son como la policía cívica a la cual todos los jóvenes involucrados en los bloqueos de las diferentes zonas de la ciudad obedecen, para ellos son la autoridad, por eso la Guardia Indígena junto a la Arquidiócesis de Cali fueron quienes habilitaron los corredores humanitarios. 

Esto nos permite dimensionar la importancia que tiene la presencia indígena y afro en Cali. Es una región con una fuerte composición etnicoracial. Cali es una ciudad pluriétnica y pluriracial. 

¿Es posible caracterizar a los manifestantes de esta región? 

Buena parte de los lugares más importantes y simbólicos de las manifestaciones como Puerto Resistencia y otros puntos en el oriente de la ciudad son de población mayoritariamente afro. Es una juventud principalmente negra, también blanca y mestiza, de sectores populares. Quienes no lo son, son estudiantes universitarios de estratos medios y altos que están en solidaridad con esta población. Son jóvenes entre los 14 y 25 años. También están los indígenas a través de la minga. 

Este es un contexto muy importante a tener en cuenta. Cali es una ciudad racializada. Hay tres grandes regiones urbanas allí. Varias investigaciones que hemos venido trabajando en la Universidad del Valle demuestran que la variable etnico racial juega un papel fundamental a nivel de las características de la segregación residencial socioespacial. Es una ciudad profundamente segregada espacialmente, es decir, la población negra pobre habita en el oriente y la élite blanca en sectores exclusivos de la ciudad. Nosotros logramos reconstruir a escala de comunas un mapa con los colores de piel de los habitantes de Cali. Cuando se contrasta este mapa de colores con el de las provisiones de bienes y servicios públicos, educación, salud, mercado laboral y seguridad, se puede evidenciar que las zonas de colores de piel más claro tienen mejor provisión de bienes y servicios, mientras que en los sectores de pieles más oscuras, incluyendo zonas de ladera como la Comuna 20, hay altos índices de desempleo e inseguridad, menores valores del precio de tierra, entre otros factores negativos. 

Este panorama es importante para entender el fenómeno colectivo que se ha dado en toda la región metropolitana y que incluso se ha extendido al centro del Valle del Cauca y a Popayán. 

¿Esta situación empeoró con la pandemia? 

La letalidad de la pandemia del Covid 19 impactó mucho la ciudad de Cali y a su población más vulnerable, especialmente a las personas afro. En el marco de un estudio que realizamos para la Alcadía, hicimos un mapa para ubicar por barrios a las personas contagiadas y fallecidas por el virus desde marzo a agosto de 2020; contrastado con la cartografía de vulnerabilidad de Cali por el Sisbén y el Censo de 2018, encontramos que el contagio fue disperso pero las muertes se concentraron en los barrios del oriente de la ciudad y de ladera, el 85 % de las muertes están en estas zonas con alta concentración de población negra. 

Estos jóvenes de primera línea afro, mestizos y blancos pertenecen a familias que han vivido la experiencia de la muerte por la pandemia, es decir, no solamente están sufriendo por pobreza y hambruna sino que han vivido la muerte de sus seres queridos. Ya no tienen más que perder, no tienen empleo, no hay ingresos, sufren de hambre y perdieron a sus seres queridos en el último año,  entre otras cosas por la deficiente oferta de servicios de salud.

Lo que hemos visto en las manifestaciones es un fenómeno barrial popular. La gran región metropolitana de Cali es un laboratorio etnico racial, si esto no se ve así no se puede entender la radicalidad del proceso que se ha dado. 

¿Cómo se ha relacionado Cali con su región, con los municipios del Valle del Cauca y norte del Cauca? ¿Esta diversidad que me ha descrito ha sido tenido en cuenta en las políticas públicas? 

Para nada. Ha habido relación con los municipios del sur del Valle: Cali, Palmira, Florida, Vijes, La Cumbre, Pradera, Candelaria, Buenaventura, Dagua, Jamundí y Yumbo, que conforman el G11, una asociación que buscaba coordinar los Planes de Ordenamiento Territorial y juntar demandas para darle respuestas de manera conjunta. Este G11 coordinó una serie de proyectos, entre ellos el tren metropolitano. Pero para que veamos la incapacidad de las élites regionales de manejar políticas con visiones amplias, el tren de cercanías no llega a Jamundí y en ningún momento se ha pensado que debería llegar hasta Santander de Quilichao, es decir, el norte del Cauca está totalmente integrado a Cali pero no se ha tenido en cuenta por ninguna alcaldía. 

Durante la alcaldía de Maurice Armitage, no directamente impulsada por él, se convirtió a Cali en Distrito Especial, una figura ficticia que no aporta mayores cosas a la ciudad, a pesar de que se habla de que permite mayor autonomía presupuestal y que se puede pedir líneas de crédito. Pero no hubo ningún interés de la élite de los partidos políticos tradicionales de pensar en términos de una asociación en el marco de la LOOT (Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial) en la que se pueda establecer una relación interdepartamental de municipios. 

Entre la Universidad del Valle, la Universidad de San Buenaventura de Cali, la Universidad Javeriana, la Universidad ICESI y la Universidad Autónoma de Occidente realizamos una investigación de la cual publicamos el libro “Cali, ciudad-región ampliada”, en el que describimos muy bien lo que sucede en esta región, en términos de la evolución de la mancha urbana, los factores sociodemográfico, la actividad económica, las interacciones entre los municipios, el mercado laboral y la dinámica política. A manera de conclusión enfatizamos en la necesidad de mirar a Cali como una región. Propusimos la existencia de una unidad de estudios regionales en la oficina de Planeación con el propuesto correspondiente para pensar en Cali como una ciudad región, en un modelo muy diferente al Valle de Aburrá o la Sabana de Bogotá pero con algunos elementos comunes: es la particularidad de una región metropolitana que no tiene una conurbación sino un modelo de archipiélago interconectado.       

Lejos de pensar en soluciones inmediatas y definitivas, ¿qué acciones podrían implementarse para empezar a solucionar esta crisis? 

Hay una serie de propuestas a corto plazo para Cali que incluso puede funcionar en otros lugares del país: Una parte importante de los jóvenes que están en los puntos de resistencia no han terminado ni siquiera el bachillerato, por lo que estrategias como la de matrícula cero no resuelve el problema de educación para esta población. Considerando que los jóvenes son los protagonistas de estas protestas lo primero que se debería hacer es atender a esta población. La alcaldía de Cali debe proponerse que por lo menos para finales de 2022 alrededor del 50 % de los jóvenes estén graduados del colegio. 

La otra situación evidente es que hay hambruna. Los jóvenes dicen que gracias a las ollas comunitarias que se han venido haciendo en los puntos de resistencia es que han podido comer ellos y sus familias. La Alcaldía de alguna manera tiene que implementar por lo menos en una etapa de emergencia, unos 18 meses, un programa de por lo menos 10 zonas de ollas comunitarias en Cali; no son suficientes los recursos que llegan por Familias en Acción, Ingreso Solidario o Adulto Mayor porque son ingresos muy bajos frente a una situación de desempleo y hambruna. 

Es importante abrir varios frentes de empleo de emergencia,  uno podría ser en todo lo que tiene que ver con la recuperación y mejoramiento del barrio. Otro, programas de cuidado, de ancianos, de personas con discapacidades, etc. También se requiere personal en el manejo y gestión de los residuos. Otra frente tiene que ver con el sector cultural y artístico. Todos estos empleos de emergencia que se pudieran generar es una forma de insertar a los jóvenes en el mercado laboral, promover el consumo y ayudar a disminuir la hambruna. 

Un tema fundamental es el desmantelamiento de los procesos de judicialización que se vienen adelantando. No es posible que los jóvenes retiren los bloqueos sin esta condición. Es fundamental parar la persecución y las judicializaciones que está montando la Fiscalía, creando una cantidad ficticia de cargos para amenazar a la población.

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    Entrevista realizada por Paola Medellín Aranguren 

    Las opiniones contenidas en este artículo no expresan la posición institucional del Instituto de Estudios Urbanos de la Universidad Nacional de Colombia.