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“Las mujeres no están representadas en la ciudad. La ciudad no es neutral, es eminentemente masculina”

Texto, Publicado el Sábado, 05 Marzo 2022, en Divulgación académica, Destacados

El 8 de marzo se conmemora el día internacional de la mujer. Por ello es pertinente preguntarnos qué tan incluyentes y funcionales son las ciudades para las mujeres y cómo ha avanzado el llamado urbanismo feminista o urbanismo con visión de género. 

“Las mujeres no están representadas en la ciudad. La ciudad no es neutral, es eminentemente masculina”

Para vislumbrar un panorama en Colombia, el Instituto de Estudios Urbanos de la Universidad Nacional de Colombia, dialogó con Tiffany Botero, investigadora de la Maestría en Estudios Urbano- Regionales de la Universidad Nacional de Colombia, (UNAL) Sede Medellín, autora de la investigación “Las espacialidades de las mujeres en el espacio público del centro de Medellín: una aproximación a la ciudadanía y los derechos urbanos”, 

Hace unos 30 años comenzaron las investigaciones relacionadas con el urbanismo feminista, ¿por qué es importante asumir esta perspectiva en los estudios urbanos?
Es relevante asumir una visión feminista del urbanismo, porque desde la institucionalidad se cree que el espacio urbano es un neutral, universal y objetivo. Sin embargo, no  todos y todas tienen las mismas posibilidades de acceso a su disfrute y a las cualidades físicas del espacio público, como se cree desde las oficinas de planeación. 

En primer lugar, hay imposibilidades físicas de las personas para acceder al espacio público o al espacio urbano. Aunque en el país se ha avanzado en la normativa que orienta la construcción, ampliación y reforma de equipamientos para que sean accesibles para personas con discapacidad, no todos los equipamientos públicos y edificios han acogido estas disposiciones, ni consideran otras poblaciones también con necesidades particulares como adultos mayores y niños y niñas.

En segundo lugar, hay condiciones sociales y culturales que dificultan el acceso al espacio público por parte de las mujeres, como el hecho de que sobre ellas recaigan principal y desproporcionadamente las labores domésticas y de cuidado. Si vamos a cualquier parque de barrio en nuestras ciudades en las mañanas encontraremos  que quienes hacen uso del espacio público para el ocio y disfrute son adultos mayores hombres que leen el periódico. Las mujeres jóvenes o adultas están en labores productivas y reproductivas la mayor parte del tiempo, el ocio es un lujo. 

Sin contar con las violencias basadas en género que sufren en el espacio. Violencia simbólica y comunicativa con señalización y simbología que no las representa o las estereotipa, con nombres de calles, parques, plazas y edificios mayoritariamente masculinos, con referentes patrios, heroicos y de representación en parques y plazas eminentemente masculinos. 

Las mujeres no están representadas en la ciudad. La ciudad no es neutral, es eminentemente masculina. También está el acoso callejero y en el transporte público, un asunto que se ha normalizado y que repercute en las decisiones que toman las mujeres en sus itinerarios urbanos, en sus ritmos de marcha, en abstenerse de usar un espacio público por una marcación masculina del espacio que dirige hacia ellas miradas intimidantes, palabras obscenas y en el peor de los casos contacto físico.

Como autora de la investigación “Las espacialidades de las mujeres en el espacio público del centro de Medellín: una aproximación a la ciudadanía y los derechos urbanos”, ¿qué interrelaciones pudo encontrar entre el desarrollo urbano y la perspectiva feminista?

La perspectiva feminista en la actualidad es una postura desde la cual no solo se busca la igualdad entre hombres y mujeres, es una corriente que problematiza esencialmente el asunto del poder, dónde está ubicado y quién lo ejerce. Por lo tanto, el urbanismo feminista o el urbanismo con perspectiva de género no se ocupa únicamente de cuestionar las condiciones materiales e inmateriales que impiden que las mujeres hagan uso efectivo de sus derechos urbanos, como el derecho al especio público, a la vivienda, a la movilidad y la accesibilidad, etc, sino que se preocupa en general por todos los grupos poblacionales con necesidades específicas para acceder a estos derechos. Por lo tanto, propone abordar la configuración del espacio desde las experiencias cotidianas de las personas.
En la literatura al respecto se suele decir: un espacio seguro para las mujeres será, por añadidura, un espacio seguro para los niños y niñas, para los adultos mayores, para las personas LGBTIQ+, para las personas con discapacidad, etc. Hablo concretamente del espacio para la estancia, porque para el tránsito lo usamos casi todos, pero una mujer o un adulto mayor no va a querer permanecer, al menos no con gusto, en un parque para pasar la tarde si este no genera confort en su mobiliario, además si la presencia que impera en el mismo es de lógicas de microtráfico, prostitución, etc.

En su estudio de caso usted seleccionó dos zonas del centro de Medellín,  Candelaria y  Boston, para observar cómo parques, plazas y plazoletas develan la intencionalidad del urbanismo. ¿Por qué estas zonas resultan importantes para entender el fenómeno?

Me pareció interesante comparar el uso y apropiación del espacio público por parte de las mujeres en dos barrios tan distintos. Uno que corresponde a la lógica ajetreada de cualquier centro urbano, con pocos residentes y principalmente habitado por el comercio. Esto por supuesto viene también con las problemáticas usuales de cualquier centro de una ciudad latinoamericana: informalidad, prostitución, microtráfico. Y entender eso, era de entrada preguntarse por las estrategias de las mujeres para habitar ese espacio, en especial las que hacen parte de esas lógicas.
De otro lado, un barrio residencial en el centro, propenso a fenómenos como la gentrificación, por las bondades de su ubicación geográfica y con la problemática de ser un barrio en un territorio con una población flotante de un millón y medio de personas. Es decir, un territorio habitado en gran volumen, pero con fenómenos de vecindad más menguados y que resisten precisamente a las dificultades de prestar servicios al resto de la ciudad metropolitana (basuras, deterioro de mobiliario, calles y aceras, presencia de habitantes de calle etc.).

Si escogía un barrio sobre el otro, mi trabajo iba a tener una mirada limitada del centro urbano de Medellín.

¿Cuáles son los resultados del estudio en los espacios públicos analizados?
Se encontró que las mujeres que habitan el centro en su sector más comercial conviven con lógicas ilegales muy complejas, pero además luchan por conquistar el espacio urbano diariamente, sea que estén inmersas en esas lógicas o no. Las mujeres trabajadoras sexuales son blanco de persecución constante por su trabajo, esto las obliga a mantenerse en constante desplazamiento como estrategia para no ser expulsadas del espacio público, o incluso a asumir otras actividades como la venta de tinto para mimetizar la actividad de la prostitución.
Las mujeres jóvenes que estudian en el centro lidian diariamente con el acoso callejero y emplean estrategias de cambio de itinerarios y acompañamiento por sus compañeras para reducir esas vulneraciones. Las mujeres que ejercen el derecho urbano a la protesta en el espacio público han resistido por años pese a las amenazas y atentados de las que han sido víctimas.
Respecto a las mujeres de la zona residencial del centro, estas generan lógicas de cooperación con otras mujeres cabeza de familia que tienen negocios informales en el espacio público y luchan por el cuidado de sus espacios pese al deterioro que genera el hecho de que sea el territorio más visitado de la ciudad, además de que se encuentran en constantes obras puesto que el centro es intervenido de manera reiterada en los llamados planes de recuperación, que buscan atraer proyectos inmobiliarios.
En cuanto a las condiciones materiales, asuntos como la falta de control de plagas, poca arborización, temperaturas elevadas, contaminación y poca representatividad en el espacio público son algunos de los asuntos que se evidencian en las cualidades urbanas de estos espacios.

El enfoque de género está tomando fuerza en varias ciudades no solo de Colombia sino a nivel mundial. ¿Cómo se pueden entender sus conclusiones en el contexto urbano nacional? ¿Qué retos existen en la materia?
A nivel académico en el país considero que es necesario continuar indagando esta perspectiva en los estudios urbanos, pues así como se ha hablado en feminismo de la división sexual del trabajo, en términos de los estudios urbanos podríamos hablar de una división sexual del espacio. Entendiendo que los espacios de cuidado y privados como la casa son los que se han determinado como espacios femeninos, mientras que los espacios productivos, del ocio, de participación en la esfera política y el desarrollo personal han sido esencialmente masculinos. 

También creo que al problematizar lo anterior se debería llevar a las instancias institucionales donde se piensan, planean y configuran los espacios urbanos, así como las garantías sociales para las mujeres, niños y niñas, personas mayores, personas LGBTIQ+, etc. con el fin de revertir las condiciones materiales e inmateriales que condicionan el uso del espacio urbano por parte de estas personas.

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    Realizada por: Claudia Sánchez y Milton Medina  

    Las opiniones contenidas en este artículo no expresan la posición institucional del Instituto de Estudios Urbanos de la Universidad Nacional de Colombia.

    • Etiquetas: Eminentemente, Masculina, Mujeres, Neutral, Representadas
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