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“Es necesario replantear un sistema económico que alterne con el turismo en San Andrés”, afirma Raúl Román

Texto, Publicado el Domingo, 07 Noviembre 2021, en Noticias, Destacados

La calidad de vida, los ingresos y condiciones socioeconómicas de los pobladores de San Andrés y Providencia, especialmente de quienes viven del turismo se vieron más afectadas por la pandemia de Covid 19. Esa fue una de las conclusiones de un estudio realizado por el profesor Francisco Maza, de la Universidad de Cartagena; y los docentes de la Universidad Nacional de Colombia, Silvia Mantilla, en la sede Bogotá y Raúl Román de la sede Caribe.

Agencia UNAL

El Instituto de Estudios Urbanos de la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá, dialogó con el profesor Román de los principales hallazgos de esta investigación que hace parte de los proyectos de extensión solidaria de la universidad. 

La pandemia ha afectado a muchos sectores y especialmente a las zonas dedicadas al turismo, este es el caso de San Andrés. ¿Qué análisis, a propósito de este tema, trae el estudio ‘Efectos de la pandemia Covid-19 en las condiciones socioeconómicas de la población vulnerable que desempeña actividades turísticas informales en San Andrés isla y Cartagena de Indias’?

 El Archipiélago de San Andrés depende del turismo, es decir, en los últimos diez años ha jalonado la economía de la isla. Eso implica que se le dio preponderancia a los segmentos que se articulan con el turismo como los hoteles, los servicios y restaurantes. Eso sumado al sector terciario constituye el 87% del impulso económico y valor agregado en la zona, de acuerdo con los estudios del Banco de la República. 

Entonces al radicalizarse las medidas contra la Covid 19 y cerrarse el aeropuerto, se dio una afectación profunda en todos los niveles en la isla porque dejaron de entrar los viajeros. Los más afectados fueron los trabajadores informales que dependían, día a día, de la oferta de servicio a los turistas, en particular, a los que laboraban en el sector de Johnny Cay. 

A diferencia de otras ciudades turísticas como Santa Marta, Cartagena o Bogotá, donde la ocupación hotelera fue del 6%, 5%, y 3%, en el caso de San Andrés fue del 0%. Eso implicó una parálisis profunda de la economía local y departamental, y por supuesto la ausencia de flujos de capitales a los que estaba acostumbrada la población del archipiélago. Por lo tanto, el impacto fue mayor en  este departamento que en el resto del país.           

En el caso de Johnny Cay, para el análisis se partió de una muestra de 101 personas en situación de vulnerabilidad que ofrecen bienes o servicios turísticos desde la informalidad. ¿Cuáles fueron los resultados frente a esta población?

Esta pandemia alteró la vida cotidiana y la posibilidad de subsistencia de estos trabajadores que al no tener ingresos por el turismo terminaron perjudicados. La muestra nos indicó que el 91% dijo sentirse muy afectado, el 4.9% algo afectado y el 2% sólo afectado, es decir, estamos hablando de un daño casi total de estos trabajadores.

El otro resultado alarmante, que nos obliga a llamar la atención de las autoridades sobre esta dependencia del turismo, es que los ingresos fueron nulos para el 83% de estos trabajadores, disminuyeron ostensiblemente para el 16% y solo el 1% permaneció igual. Esta ausencia de ingresos llevaría a un cambio radical en las condiciones de vida de estos habitantes y a la implementación de nuevas prácticas económicas para lograr un sustento, debido a que las ayudas del gobierno fueron esporádicas y no lo suficientemente continuas para generar un alivio importante en la economía de la isla.

Muchos regresaron a actividades alternativas como la pesca, a los cultivos y a la venta de alimentos y servicios domiciliarios. Otros recibieron la solidaridad familiar. Después del cierre de la cuarentena y el retorno a la nueva normalidad, el 89% estaba optimista porque volverían al turismo. Pero el 99% de estos trabajadores no recuperó el poder adquisitivo que tenían antes de la pandemia. 

El estudio reveló que por causa de la pandemia, se afectó la calidad de vida de estos trabajadores informales. ¿Cómo se evidenció esta afectación?

Es necesario replantear un sistema económico que alterne con el turismo, para garantizar una buena calidad de vida de los habitantes. En el estudio encontramos que el 42% de la población trabajadora de Jhonny Cay tuvo muchas dificultades para acceder a alimentos. 

La pandemia estremeció a las economías vulnerables, como esta que dependía del turismo, y esto se traduce en hambre para los pobladores. De allí la necesidad de que los gobiernos local y nacional viabilicen y hagan estudios sobre la posibilidad de alternar los ingresos de la isla con otros a partir de la variación en la productividad del archipiélago.   

Una de las propuestas que promueven estos trabajadores es mantener la isla abierta con estrictas medidas de bioseguridad ¿Es viable la propuesta y bajo qué condiciones?

Pese al impacto que tuvieron las medidas por la pandemia en la isla, se logró una vacunación masiva y es uno de los territorios más vacunados en el país. Eso permitió una política de puertas abiertas, que desde el mes de julio se ha visto incrementada por el ingreso de turistas. A octubre se habla de una recuperación importante del sector y una reactivación económica mucho más rápida que en los territorios continentales.    

La isla tiene una actividad turística importante y eso ha permitido que haya un flujo de capital que empieza a beneficiar a los isleños. El turismo se convirtió en un sector en el cual también participan algunas personas que estaban vinculadas a otros, porque perdieron sus trabajos debido a la quiebra en que quedaron varios negocios. 

Aunque la dependencia del turismo fue catastrófica, con esta apertura se generaron unas condiciones de reactivación económica bastante rápidas. Esto no quiere decir que no haya aumentado la pobreza, ni disminuido las condiciones de bienestar social.        

¿Qué otras recomendaciones se presentan para superar esta crisis?

El contagio y la pandemia llegaron a la isla de manera tardía, sin embargo, las medidas unificadas del gobierno nacional y la poca visión estratégica del gobierno local, hizo que se asumiera la norma sin hacer diferencias. Eso frenó y dañó una economía que está alrededor del turismo. El mercado se afectó porque se asumieron medidas radicales y no se planteó la necesidad de un manejo diferenciado contra esta pandemia.

Hay que analizar el funcionamiento del mercado interno porque es una isla cuya economía depende de los movimientos exteriores. Una recomendación es examinar cómo está la isla, para que en caso de futuras emergencias se pueda asegurar ese mercado y evitar una afectación tan profunda como la que ocurrió en el marco de esta pandemia. 

Otra recomendación, es una ampliación de los sectores productivos del archipiélago y un nuevo encadenamiento más allá del turismo, porque esta dependencia tiene que disminuir.

Finalmente, en términos de salud dejó grandes enseñanzas porque se requieren grandes esfuerzos para fortalecer el sistema hospitalario, que evidenció una desastrosa condición para contener una emergencia sanitaria de esta naturaleza. Se pasó de cien muertos y en comparación con el tamaño de la población, es alto. Se debió hacer un nuevo pabellón en el hospital que generara empleo y permitiera fortalecer el sistema de atención pública.

 

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    Realizado por Claudia Sánchez

    Las opiniones contenidas en este artículo no expresan la posición institucional del Instituto de Estudios Urbanos de la Universidad Nacional de Colombia.

    • Etiquetas: covid 19, pobreza, San Andrés, trabajo informal
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