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Comunidades urbanas alternativas ¿Qué son y cómo funcionan?

Audio, Publicado el Viernes, 20 Marzo 2020, en Destacados, Noticias

Las comunidades urbanas alternativas son asociaciones de personas que tienen un objetivo común, una intención o una misión y están ubicadas en la periferia, ya sea social, geográfica o económica, de la ciudad.

Observatorio Gobierno Urbano se emite todos los miércoles a las 6:00 p.m. por 98.5 FM UN Radio / Foto Brandon Pinto

 

Así lo definió Clara Quintilla Piñol, magíster en Ingeniería de Proyectos Interculturales y pasante doctoral en el Instituto de Estudios Urbanos (IEU), quien participó en el programa radial Observatorio de Gobierno Urbano, de UN Radio (95.8 FM), junto a Ana Patricia Montoya Pino, doctora en Arquitectura y profesora del IEU, y Jaime Hernández García, PhD en Arquitectura, Urbanismo y Paisajismo y profesor de la Universidad Javeriana. 

Para Quintilla, lo interesante de las comunidades urbanas alternativas es que presentan modelos de vida y paradigmas urbanos alternativos, es decir, nuevas formas de pensar, convivir, relacionarse y  estructurar sus economías. 

En el contexto latinoamericano, es posible encontrar manifestaciones de  comunidades urbanas alternativas en el contexto de los asentamientos de origen informal, ubicados en zonas periféricas de las ciudades. “Son resultado histórico de procesos de desplazamiento, que han construido sus propias identidades a partir de la diferencia cultural entre quienes conforman las comunidades”, explicó la profesora Ana Patricia Montoya. AnaPatriciaMontoya

“Son comunidades con importantes complejidades económicas, pero que cada vez tienen mayor presencia en las formas de intervenir sus propios territorios. El grave problema es que difícilmente hacen parte de esos procesos de formulación de políticas en el marco del planeamiento urbano”, agregó la doctora en Arquitectura. 

No obstante, el profesor Jaime Hernández explicó que existen otros grupos urbanos en las ciudades que no necesariamente están ubicados en zonas periféricas o informales, pero que cumplen con la característica de intencionalidad para concebirse como comunidades urbanas alternativas. 

“Estos grupos exhiben maneras distintas y alternativas de vida urbana; hay muchos desde el ámbito cultural, en la cotidianidad, en la productividad, entre otros”, dijo.  

En cuanto a la informalidad que caracteriza el proceso de urbanización en América Latina, el profesor Hernández señaló que es un modelo alternativo a la vida urbana, formal y planeada, “con la salvedad que no siempre es algo que las personas buscan, en muchos casos se ven obligados a ubicarse en estos lugares de la ciudad”. 

El académico destacó la autorregulación como una de las principales características de los barrios informales, que devela condiciones de autodesarrollo, agenciamiento, autoayuda e inclusive autoconstrucción, pero que en ocasiones va en contravía de la planeación urbana. 

Los casos de Moravia en Medellín y los kibutz en Israel 

En el marco de las comunidades urbanas alternativas se inscriben los llamados kibutz en Israel, unas poblaciones formales integradas por inmigrantes que llegaron a este país en los años 50. Se trata de asentamientos periféricos geográfica, social y económicamente, marcados particularmente por un tejido social degradado y tenso. 

 BPG7722De acuerdo con Clara Quintilla, en Israel hay 230 kibutz que tienen la intención de “mejorar, a través de la cultura y la educación, una sociedad que está fracturada entre las distintas comunidades”. Aunque estas comunidades, o ciudades de desarrollo como son llamadas, representan menos del 1 % de la población israelí, tienen un impacto importante a nivel local. 

El barrio Moravia, ubicado en el nororiente de Medellín, se inscribe como una comunidad urbana alternativa en el contexto colombiano; sus pobladores llegaron como resultado de desplazamientos forzados en diferentes zonas del país y hoy constituyen uno de los barrios más densos de la ciudad con poco más de 40 mil habitantes. “Un territorio aislado de la ciudad, no reconocido e incluso autoaislado por su condición social y económica”, expresó la profesora Montoya.

Aunque esta comunidad nace a partir de una necesidad de vivienda, ha logrado gestionar y desarrollar sus propios proceso productivos, entre los que se destacan el reciclaje y el cultivo urbano. “De allí sale el Morro de Moravia que se convirtió en un jardín urbano, que incentiva el turismo en el territorio”, agregó.

El problema de Moravia son las distintas miradas que la comunidad y la Alcaldía tienen del territorio; mientras la primera piensa en intervenciones de mejoramiento integral, la segunda plantea procesos de renovación urbana.

“El principal error fue el cambio de tratamiento que se le dio al territorio en el plan de ordenamiento territorial; la preocupación de la comunidad es que no se garantiza la presencia de los habitantes en la zona”, explicó la profesora Montoya.Jaime Hernandez 

Para el profesor Jaime Hernández, una de las condiciones que caracteriza a las dos comunidades es la construcción social del territorio que se produce. “Si entendemos la informalidad como una manera distinta de pensar y actuar sobre el territorio nos permite encontrar una serie de prácticas territoriales, sociales y culturales, como la agricultura urbana”, puntualizó. 

En épocas de crisis, generadas en buena medida por las formas predominantes de la vida urbana contemporánea, el surgimiento de comunidades alternativas con valores de solidaridad es no sólo un respiro sino una necesidad. 

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    Escrito por Paola Medellín