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Ciudad Virtual: “Una vieja decrépita apenas digna de compasión”. Cartagena de Indias en los libros de viajeros

Texto, Publicado el Miércoles, 03 Febrero 2021, en Noticias

En el marco del ciclo temático de Ciudad Virtual sobre la literatura urbana, Javier Ortiz Cassiani, escritor e historiador, presenta una conferencia sobre la participación de los libros de los viajeros que pasaron por Cartagena de Indias en el siglo XIX en la construcción de la imagen de una ciudad en crisis.

Ciudad Virtual

 

Acudiendo a la imaginación literaria, en Las ciudades invisibles, Italo Calvino concedió a Marco Polo el papel de narrador de los detalles de las ciudades visitadas a un atento y curioso Kublai Kan. De entre todos los embajadores del poderoso imperio, solo las descripciones del mercader y navegante veneciano lograban despertar el interés del melancólico emperador mongol. Cuando Marco Polo intentó narrarle a Kublai Kan el presente de la ciudad de Zaira, se dio cuenta de que, por muy detallada que fuera su descripción, era una tarea inútil. La ciudad no estaba hecha de su presente, “sino de relaciones entre las medidas de su espacio y los acontecimientos de su pasado”. “Como las líneas de una mano”, Zaira contenía todo su pasado escrito en las cosas del presente; en sus calles, ventanas y balcones, en sus zaguanes y escaleras y hasta en las cicatrices tatuadas en la piel de la ciudad por los cañonazos. 

Al igual que en la representación de la ciudad imaginada por Italo Calvino, la mayoría de los intentos por describir el presente de Cartagena de Indias durante el siglo XIX terminaban siempre por convertir el pasado en presente. Y en esto contribuyó sustancialmente la literatura de los viajeros que pasaron por la ciudad en el mencionado siglo. Agobiada en ese entonces por una crisis económica y poseedora de una arquitectura que expresaba notoriamente el esplendor de su período colonial, el pasado fungía como refugio, lamento y nostalgia. De ser uno de los principales puertos de las posesiones españolas en el Caribe, ligado al dinámico comercio trasatlántico durante el antiguo régimen, a comienzos del siglo XIX la ciudad estaba completamente arruinada. El diplomático, entomólogo y dibujante francés Auguste Le Moyne, quien residió en la Nueva Granada entre 1828 y 1839 se refirió a Cartagena durante su viaje de regreso a Francia en 1839, como una ciudad que durante los tiempos de mayor esplendor llegó a tener hasta 30.000 habitantes y que para la fecha en que abandonaba estos territorios había descendido a 10.000 personas. Cartagena, que ostentara el título de “reina de las indias”, era para entonces un amasijo de “edificios deteriorados rodeada de murallas en ruinas”; una especie de “viejo león herido” y acosado por las pestes tropicales, que resignadamente esperaba la muerte. Del frenesí de su comercio colonial sólo quedaban “unas cuantas goletas y canoas miserables que habían reemplazado a los buques de alto bordo de antaño, cuando transportaban tan ricos cargamentos.”

La crisis económica no permitía hacer una ruptura con el pasado y pensar en el futuro. Los discursos y las obras materiales modernizadoras, tan en boga a mediados del siglo XIX, difícilmente podían ser asumidas en la ciudad. “¿Será posible que el comercio nunca exija en este país la construcción de muelles decentes? ¿Qué sería de Nueva York y Boston sin muelles y qué haría Liverpool sin los suyos?”, se preguntaba Holton al ver la precariedad del puerto en contraste con la magnitud de las fortificaciones. Para esa misma época el bogotano Nicolás Tanco dijo que todo en Cartagena revelaba que había sido “una ciudad de primer orden”, y que su comercio y su agricultura habían desaparecido debido a las contiendas bélicas y a las epidemias que la asolaron durante el siglo XIX. Cartagena, resaltó Tanco, parecía “una respetable anciana que yace en la miseria, pero en cuyas facciones y trato bien se revela que en otros tiempos tuvo lujo y esplendor, y que fue una hermosa joven”. La ciudad era pues, un espacio compuesto por “un montón de escombros imponentes”, y por los nobles y “tristes restos de un esplendor pasado”; “una reina caída que se [hacía] respetar por lo que fue, y admirar por la majestad de su dolor”.

Transmisión jueves 4 de febrero a las 5:00 p.m. por https://youtu.be/jJSWjAw_GvM 

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    Escrito por Javier Ortiz Cassiani

    Las opiniones contenidas en el artículo y el programa no expresan la posición institucional del Instituto de Estudios Urbanos de la Universidad Nacional de Colombia.