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Apropiación y resignificación del espacio público en medio de la protesta: hacia nuevas formas de participación

Texto, Publicado el Sunday, 30 May 2021, en Noticias, Destacados

Pasado más de un mes desde el inicio del gran paro nacional en Colombia son diversas las reflexiones que se pueden hacer al respecto. En este artículo analizaremos los procesos de apropiación y resignificación del espacio urbano que los jóvenes, principalmente, han tomado como mecanismo de resistencia y escenario para expresar reclamos y demandas que trascienden el impacto de la pandemia.

La juventud es la protagonista del grito por dignidad que resuena en este paro nacional . Cartel ubicado en Portal de la Resistencia en Bogotá / Foto Andrés Medellín

 

Como lo señala Jorge Hernández Lara, profesor titular de la Universidad del Valle, estamos frente a   una “táctica relativamente nueva de acción colectiva contenciosa”, que si bien surgió primero en Cali ya se extendió a otras ciudades como Bogotá con sus particularidades. Se trata de lugares permanentes de concentración, puntos de resistencia, ubicados en su mayoría en sectores populares de la ciudad, en los que convergen a diario manifestantes para realizar todo tipo de actividades artísticas, culturales, musicales, deportivas y deliberativas, que se complementan con las jornadas masivas de movilización. 

Es un proceso de apropiación del espacio público por parte de quienes se han sentido excluidos de su disfrute por diferentes motivos: jóvenes, mujeres, artistas. “Es la resignificación de la lucha popular”, dice uno de los habitantes de Soacha que ha participado en la toma de la Autopista Sur a la altura del sector conocido como ‘El Tropezón’ o el cruce de la 22, donde se consolidó un punto de encuentro y resistencia permanente de una población “empobrecida sistemáticamente e históricamente estigmatizada y segregada”, afirma.  

AglomeracionSoacha“El espacio urbano ha sido estigmatizado en todas las ciudades del país, se le deja a los sectores populares los contextos de calle, drogadicción y delincuencia. Hay una necesidad de apropiarse muy humanamente de los espacios”, agrega el ciudadano soachuno. 

Este relacionamiento con el entorno ha generado un proceso de identidad y reconocimiento a nivel local y barrial sin precedentes. “Es la resignificación del espacio urbano como escenario de resistencia, un escenario que le pertenece a la gente de a pie, al campesino, a las mujeres y los jóvenes”, expresa Tatiana Pineda, desde el barrio Santa Librada de la localidad Usme de Bogotá. 

“El espacio urbano ha sido negado para los jóvenes, allí somos vulnerados de múltiples formas, hoy lo vemos como una reivindicación, como la retoma de la ciudad desde lo que somos y queremos”, agregan los jóvenes de la Asamblea Popular de Engativá. 

“La forma en la que se ha construido la ciudad refleja la desigualdad social que causa este paro nacional. Es por eso que se ha resignificado el espacio urbano, se tumban estatuas y se renombran lugares; repensar la ciudad desde un punto de vista distinto es un acto de resistencia y de transformación de la sociedad”, agregan. 

Puente de la Dignidad Santa librada Tatiana Pineda

Aunque renombrar lugares y llenarlos de un nuevo contenido simbólico es un acto que comenzó con las movilizaciones de noviembre de 2019, en el marco de este paro nacional se ha venido consolidando. En Cali, Puerto Rellena pasó a llamarse Puerto Resistencia, El Paso del Comercio a El Paso del Aguante, la Loma de la Cruz ahora se llama Loma de la Dignidad. En Bogotá el Portal de las Américas se conoce como Portal de la Resistencia, el Puente de Santa Librada es llamado Puente de la Dignidad. En Soacha el punto de encuentro es el Puente de la Resistencia. Es lo que los profesores del Instituto de Estudios Urbanos consideran el “surgimiento de una nueva geografía  donde la ciudad y el espacio público urbano se convierten en el escenario de expresión de reclamos, demandas y críticas”. 

Toma cultural y artística de resistencia

Las actividades que se han venido realizando en estos puntos de resistencia son diversas y surgen de manera espontánea: muralismo, graffiti, teatro, circo, performance, conciertos, danza, fútbol, entre otras. Todas estas expresiones han logrado mantener viva la protesta por más de un mes porque alrededor de cada acción se han generado redes de solidaridad, autogestión y reconocimiento. 

Las ciudades se han convertido en un lienzo. Sobre avenidas principales y estratégicas se han plasmado mensajes contundentes que vistos en contexto podrían significar el máximo grito de libertad de expresión de una generación que se considera censurada. En el caso de Soacha, por ejemplo, se pueden observar murales con frases como “Ni perdón ni olvido”, con el nombre de jóvenes asesinados por la fuerza pública; o “Uribe dio la orden, 6.402”, en relación a los casos de ejecuciones extrajudiciales (conocidos como falsos positivos) que se empezaron a conocer en 2008 con el asesinato de 19 jóvenes habitantes de este municipio, presentados como guerrilleros muertos en combate. 

Manifestaciones Cucuta LilibethVillamizar 2En el centro de Cúcuta se pintó un mural que dice: “Cúcuta antiuribista y antipatriarcal”, un mensaje que retumba en una clase política mayoritariamente conservadora y uribista. Para la Red de Movilización Feminista fue un logro histórico plasmar esta frase, “fue atrevernos a decir que hay otras ideologías que convergen en la ciudad”, resalta Gabriela Chacón, integrante del colectivo. 

“Los murales se han vuelto un símbolo bastante fuerte de resistencia porque se han intentado censurar en varias ciudades del país”, afirma Felix Mario Galvis, integrante del colectivo Derecho A No Obedecer, en Cúcuta. “Borrar los murales demuestra lo fragmentada que está nuestra sociedad”, considera uno de los jóvenes protestantes en Soacha. 

Las ciudades también han sido tarimas, estudios, talleres, canchas de fútbol, pistas de baile. Los puntos de resistencia además de ser lugares de bloqueos “para incomodar al sistema”, han sido  “tomas culturales de resistencia”, expresa uno de los manifestantes que se han concentrado en la Casa de la Cultura en el centro de Fontibón. PortalAmericas5

Esta situación ha llevado a preguntarse qué ha pasado con los espacios dispuestos para el arte y la cultura en la ciudad, por qué los jóvenes ven en estas circunstancias una oportunidad para hacer y disfrutar este tipo de actividades. 

“Muchos espacios de participación para los jóvenes han sido cooptados, negados y cerrados. Quienes están en la administración local determinan quiénes participan en los escenarios, esto ha hecho que muchos jóvenes estén limitados a participar”, afirma Tatiana Pineda. 

“Históricamente la Alcaldía de Soacha, y más desde la pandemia, ha cerrado los espacios para la expresión juvenil; esta presencia en masa en apoyo al paro es una reclamación directa de espacios culturales y artísticos”, sostiene el ciudadano. En este municipio “se han venido implementando toques de queda a menores con la idea de garantizar escenarios de seguridad, esto quiere decir que tenemos una administración que considera que el problema somos los jóvenes en la calle”, agrega. 

PuntoDeResistencia CAINicolsGuerrero2 Betto

En Cúcuta “a los jóvenes se nos ha negado el espacio de la ciudad, se nos ha estigmatizado; esta ha sido una oportunidad para conocer y entender otras dinámicas dentro de la sociedad, lo que le ha costado entender al cucuteño promedio”, manifiesta Felix Mario Galvis. esde  la Asamblea Popular de Engativá consideran que “los salones comunales se han convertido en las sedes sociales de los adultos, mientras que a los jóvenes nos ha tocado reunirnos en la calle y en los parques”.

En Cali “la oferta cultural se ha centralizado en los puntos turísticos de la ciudad”, indica uno de los ciudadanos que ha participado en el punto de resistencia del Paso del Aguante en el norte de Cali, quien señala que dentro de las peticiones de esta zona de la ciudad se piden “espacios públicos e intervenciones a través de lo cultural para los jóvenes, programas que les permitan tener otras alternativas económicas, recreativas y de educación”. 

Las ollas comunitarias también han sido comunes en todos los puntos de resistencia. Llama la atención que esta actividad espontánea y basada en la autogestión ha permitido a muchas personas ingerir su único alimento diario, ha sido una forma de enfrentar el mayor problema actual: el hambre que sufre la población. 

olla en Soacha

“En este estado de pobreza lo que nos mantiene en pie de lucha es que no tenemos nada que perder, estamos consagrados a la idea de que si nos tapan un muro, lo volvemos a pintar: si nos quitan una olla, nos corremos tres metros y montamos tres más; si nos intervienen de manera violenta un plantón, nos movemos por el barrio”, expresa el joven soachuno.

 

Nuevas formas de participación y representación, un proceso en construcción

Está claro que una de las características de este paro es que quienes están en las calles no se sienten representados por ningún líder, político o institución. Es una sociedad sin representación, dice el profesor Fabio Zambrano, director del IEU. Los jóvenes son los protagonistas de este llamado urgente de dignidad, pero esta vez no es solo el movimiento estudiantil, hablamos de una juventud diversa que en muchos casos no ha podido acceder a ningún nivel educativo, no está dentro del mercado laboral, vive en zonas periféricas con problemas de violencia y han sido profundamente impactados por la crisis socioeconómica que produjo la pandemia. Muchos dicen que ya no tienen nada que perder pero sí mucho por exigir a un Estado que se ha dedicado a estigmatizar a la juventud, desconociendo su potencial para impulsar el desarrollo del país. 

En los puntos de resistencia se han generado espacios de encuentro y reconocimiento, confluyen diferentes ‘tribus urbanas’ y organizaciones sociales para compartir sentires, problemáticas, percepciones y proponer ideas. “Estamos en un proceso de hacer juntanzas entre hombres y mujeres del territorio”, explica Tatiana Pineda desde el Puente de la Dignidad en Usme. PortalAmericas7

Se han venido desarrollando jornadas pedagógicas a nivel local para explicarle a los vecinos la importancia del paro nacional, para eliminar los prejuicios que se han ido construyendo alrededor de los jóvenes y la protesta, para invitar a los vecinos de todas las edades a participar en las actividades culturales y artísticas y que “se expresen libremente y generen identidad con el territorio”, agrega. 

También ha servido para que las mujeres y las organizaciones feministas ganen terreno en un espacio históricamente vedado para ellas. “Es importante la apropiación de los espacios con carteles, murales, conciertos y performance, con mensajes que lleguen a todas las personas, estamos haciendo pedagogía; este paro nos ha brindado la posibilidad de hablar, de ser partícipes”, dice Vanesa Gaviria, habitante del sector de La Mariposa en el noroccidente de Bogotá, quien ha participado en la toma del sector de Los Héroes.    

Performance en Santalibrada Tatiana Pineda“Estamos en un proceso de reconocimiento como mujeres, lideresas sociales, mamás, amigas. Esto nos ha permitido estar ahí no solamente como observadoras sino como partícipes de la generación de espacios de empoderamiento, autonomía y autocuidado”, resalta Tatiana Pineda. 

Los procesos han sido horizontales, sin jerarquías, “no queremos burocratizar en exceso porque eso rompe la espontaneidad”, afirma Felix Mario Galvis desde Cúcuta. Se generan conflictos, tensiones y desacuerdos, pero se resuelven con un argumento contundente: “estamos unidos por el paro nacional”. 

El tipo de mecanismos de representación y participación es justamente lo que está en construcción. Se ha convocado a asambleas y cabildos abiertos, se han escuchado y han generado pliegos de peticiones a nivel barrial y de ciudad, y en algunos lugares se empezó una pedagogía alrededor de las próximas elecciones.

Sin embargo, “no es una apuesta por ser escuchados por las administraciones de turno ni por politiqueros, es una apuesta por salir a las calles a manifestar nuestra inconformidad con el manejo de las políticas; es necesario llegar a conversaciones distintas pero lejos de la institucionalidad en cualquiera de sus expresiones”, enfatiza el joven manifestante de Soacha. 

Entre la juventud que está hoy en las calles hay una sensación de desconfianza, fastidio y rechazo a los mecanismos tradicionales de representación y participación. Quienes han tenido la oportunidad de participar se sienten instrumentalizados, “estamos cansados de proponer, ya se trata de qué han hecho, cuál ha sido la gestión por los jóvenes; es fundamental que la participación tenga efectos tangibles”, dice Felix Mario Galvis. 

IMG 20210529 WA0032“Los jóvenes queremos cambiar las formas viejas y mezquinas de hacer política. No nos vemos reflejados en un líder ni partido político, lo que proponemos es hacer una gran asamblea popular”, propone Tatiana Pineda. “Una que no desconozca la relación entre la realidad local, distrital y nacional”. 

En el caso de Bogotá este parece ser el siguiente paso. Los jóvenes están buscando canales para articular los procesos de los distintos puntos de resistencia, intercambiar experiencias y conocimiento, compartir necesidades básicas y realizar actividades conjuntas que impacten en la ciudad y de las cuales se pueda generar un pliego de peticiones más incluyente.   

Sin querer “romantizar las acciones de apropiación del territorio” como aclara el ciudadano caleño, ni desconocer los conflictos y afectaciones que se han generado alrededor de los puntos de resistencia, este artículo pretende mostrar los nuevos paradigmas que se se están gestando en el marco del paro nacional, la “sociedad insurrecta” que está en crecimiento y proceso de construcción y la necesidad de espacios de encuentro, artísticos y culturales en las ciudades que pide a gritos la juventud. 

 
 
 
 
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    Escrito por Paola Medellín Aranguren 

    Las opiniones contenidas en este artículo no expresan la posición institucional del Instituto de Estudios Urbanos de la Universidad Nacional de Colombia.